“Una creación admirable” (Salmo 139:14 – NVI):
La interrelación de la salud física, mental, y espiritual.
Por Christina M.H. Powell

Una de las metas de un pastor es llevar sanidad a las vidas quebrantadas. “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mateo 9:35).
El pastor que sigue los pasos de Jesús entiende que la sanidad es una parte vital del ministerio. La sanidad bíblica abarca la sanidad física, la mental, y la espiritual. Con frecuencia los tres aspectos aparecen interrelacionados.
Por ejemplo, un problema en un área de la salud humana puede con frecuencia afectar las otras dos áreas. Somos “una creación admirable” (Salmo 139:14) – una interacción de cuerpo, mente, y espíritu. La comprensión de esta interrelación afectará los aspectos prácticos de su acercamiento al cuidado pastoral.
Salud física: su cuerpo como un templo
El apóstol Pablo preguntó a los corintios: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. (1 Corintios 6:19,20). Comentando acerca de la inmoralidad sexual, Pablo explicó la verdad de que el aspecto físico del hombre puede afectar su aspecto mental y también el espiritual.
Por ejemplo, un hombre anciano había sido diácono por muchos años. La gente lo conocía por su amabilidad, bondad, y sabiduría. Recientemente ha comenzado a decir palabrotas, se muestra frecuentemente agitado, y está agrediendo físicamente a su esposa de 50 años. Tal vez usted podría suponer que situaciones emocionales profundamente asentadas están viniendo a la superficie. Supongamos que yo les proveo un poco de información faltante: recientemente los médicos han diagnosticado que el hombre tiene la enfermedad de Alzheimer. Hablar con él acerca de la naturaleza poco bíblica de su conducta no tiene mayor valor. La solución concerniente a su cambio de conducta requiere tratar el problema físico. Sin embargo, enseñar a su esposa las técnicas para comunicarse con él puede ser de mucha ayuda.
Usted no necesita de un diagnóstico de enfermedad incurable para que un problema físico cree problemas mentales y espirituales. Considere al miembro del personal de la iglesia que se ha portado de manera impaciente con otros miembros del personal. Aun cuando tal conducta no puede tolerarse, saber que ella ha luchado recientemente con la gripe, y que ha pasado varias noches sin poder dormir bien cuidando a sus tres hijos enfermos, hace que su conducta tenga una explicación comprensible. Si ella llega a tener varios días para reponerse y tener una noche de buen sueño, lo más probable es que recupere su condición de dama a la cual usted se sintió feliz de contratar. El agotamiento físico produjo en ella cambios en su actitud y en su habilidad para tener la perspectiva espiritual de relacionarse con los demás.
Jesús explicó a los fariseos, “el día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Marcos 2:27). Nuestros cuerpos necesitan de un día a la semana para descansar y así poder desenvolverse en mejor forma. El descanso apropiado, la nutrición, y el ejercicio pueden mejorar la salud mental. El ejercicio mejora el funcionamiento cognitivo y reduce el riesgo de desarrollar demencia. Dos estudios publicados en el Journal of the American Medicaal Association de septiembre de 2004, apoyan esta declaración. En uno de los estudios, los hombres ancianos, entre las edades de 71 a 93 años, que caminaron menos de un cuarto de milla cada día, fueron 1,8 veces más propensos a desarrollar demencia que los hombres que caminaron más de dos millas al día.1 En el segundo estudio, los investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard y de la Escuela de Salud Pública de Harvard hallaron que las mujeres de las edades entre 70 y 81 años que caminaron al menos 1,5 horas por semana, tenían menos declinación cognitiva que las que caminaron menos de 40 minutos por semana.2
La manera en que la nutrición afecta la conducta de una persona es otro ejemplo en que la salud física afecta la salud mental. En general, una dieta que mantiene los azúcares de la sangre en un nivel aceptable y provee bastante triptófano y ácidos grasos poli-no saturados omega-3 puede ayudar mucho mejor a que una persona produzca y use serotonina, una sustancia química del cerebro que favorece una sensación de bienestar. De este modo, los alimentos ricos en grasas omega-3 –el salmón, las sardinas, las nueces, y las semillas de lino– pueden ayudar a combatir la depresión leve. Las buenas fuentes alimenticias de triptófano –un aminoácido esencial en la dieta humana que el cuerpo usa para producir serotonina– incluyen pescado, pavo, pollo, queso, frijoles, leche, huevos, y chocolate. La persona que se siente saludable y llena de energía tendrá mayores recursos para ministrar a otros y para recuperarse de retrasos. Aun cuando el sufrimiento físico y la ansiedad por causa de preocupaciones de salud pueden ciertamente acercarnos más a Dios, es más fácil resistir la tentación y hacer decisiones sabias cuando estamos sintiéndonos bien. De este modo, la salud física de una persona puede afectar su bienestar espiritual.
Salud mental: un corazÓn alegre como medicina
La salud mental puede afectar la salud física y la salud espiritual. Por ejemplo, un agotamiento mental prolongado puede debilitar el sistema de inmunidad y rebajar la resistencia a la enfermedad. El agotamiento mental causa la liberación de adrenalina y de hidrocortisona, dos poderosas hormonas que aumentan la actitud de alerta y fomentan la energía. Esta respuesta de lucha-o-huye del agotamiento es perfecta para responder al daño físico, preparando a las personas para luchar o para huir de una amenaza a la supervivencia. Sin embargo, cuando los constantes agotamientos de la vida ponen en acción esta respuesta, pueden comprometer la salud de uno. El agotamiento mental puede aumentar la presión sanguínea al constreñir el flujo sanguíneo en las arterias, lo que resulta en problemas cardiovasculares. La hidrocortisona aumenta el azúcar en la sangre, lo que es normal si uno debe huir del peligro. Sin embargo, los niveles crónicamente elevados de hidrocortisona pueden llevar a la resistencia a la insulina y a diabetes de tipo 2. Muchas personas que sufren de depresión tienen niveles elevados de hidrocortisona, imitando los efectos de agotamiento mental crónico. De este modo, la ciencia médica corrobora la verdad de Proverbios 17:22, “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos”.
La salud mental de uno puede también afectar negativamente a la salud espiritual. Por ejemplo, una mujer que sufre de agorafobia – temor del supermercado – puede ser incapaz de disfrutar los servicios de la iglesia. En un gran santuario puede experimentar ataques de pánico, o estar temerosa de sufrir ataques de pánico. Sin embargo, ella podría participar en la iglesia viendo los cultos por video en una pequeña habitación del edificio. Se puede beneficiar de un sermón grabado o de un DVD del servicio, de tal modo que pueda verlo en casa. Un pastor sensible puede apoyar el crecimiento espiritual de ella durante el tiempo que demora el proceso de sanidad, proveyendo medios creativos para facilitar su participación en la vida de la iglesia.
La enfermedad mental es una desventaja, como una pierna quebrada. Aquellos con problemas de sufrimiento mental con frecuencia no hablan de su necesidad, por vergüenza o por temor de no ser comprendidos. Un personal de iglesia dispuesto a ser creativo puede marcar una diferencia que cambie la vida de la persona que sufre de enfermedad mental.
Otro desorden mental que puede interferir en la asistencia a la iglesia es el desorden obsesivo-compulsivo. Una persona con este desorden puede mantenerse mirando su banca al finalizar el servicio, para asegurarse de que no se le ha quedado nada. Una persona con este tipo de desorden se siente impotente para poner fin a tal tipo de compulsión, pero está agudamente consciente que esta conducta es anormal. Para evitar el agotamiento mental de tratar de vencer tal conducta ritual, como también al agotamiento de ser notado comportándose de manera extraña, una persona puede dejar de asistir a la iglesia. Un pastor que habla con una persona acerca de los desafíos de la enfermedad mental de tal persona, puede ser capaz de hallar una manera de integrarla a la vida de la iglesia. Tal vez una persona con desorden mental compulsivo simplemente necesite sentarse en el respaldo de una banca, donde su conducta no atraería atención no deseada. Hacer acomodaciones para las necesidades de las personas durante el proceso de sanidad es esencial para ministrar a la persona toda.
Un ejemplo final de una enfermedad mental que puede afectar negativamente la salud espiritual es la depresión. La depresión puede llevar a sentimientos de fracaso espiritual. Las disciplinas espirituales, tales como oración y lectura de la Biblia, pueden ir por una senda lateral. Un pastor puede ayudar a la persona a apartarse de expectativas irreales y de pensamiento perfeccionista y a que abrace la meta alcanzable de progreso gradual en la debida dirección. Tal vez volver a una hora de oración y de estudio de la Biblia por día no sea posible, hasta que los síntomas físicos de depresión desaparezcan. Sin embargo, 10 minutos de oración al día en la mañana y la lectura de un Salmo antes de acostarse podría ser una meta alcanzable. La persona necesita poner su enfoque en recibir la gracia y el amor de Dios en su vida, aun entendiendo que su enfermedad mental pueda estar distorsionando su opinión acerca de Dios.
Un pastor puede ayudar a una persona a manejar en mejor forma el agotamiento mental que es dañino para su salud física y espiritual. Ser capaz de manejar los niveles normales de agotamiento mental, mantener relaciones plenas, y poder retroceder de circunstancias difíciles son todos signos de buena salud mental. Las Escrituras enseñan principios que conducen a una buena salud mental.
Salud espiritual: sus palabras como fuente de vida
Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).3 Esta respuesta espiritual puede proveer el descanso necesario para la buena salud en todos los niveles. En Proverbios 4:22, las palabras de sabiduría de Dios “son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo”. La salud espiritual trae salud integral a la persona.
La Biblia promueve el equilibrio en la vida y que se eviten las decisiones dañinas. La Biblia advierte en contra de la embriaguez (Efesios 5:18), la glotonería (Proverbios 23:20,21), y la promiscuidad (Hebreos 13:4). Estos tres comportamientos tienen consecuencias negativas para la salud física. Al seguir las decisiones espirituales para la vida, una persona está eligiendo salud física también. La Biblia promueve un acercamiento a la vida que resulta en buena salud mental. Tome como ejemplo el consejo que se encuentra en Filipenses 4:8: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.
Dios está preocupado con la redención del hombre integral. En las palabras del salmista, “bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila” (Salmo 103:2-5). Las buenas nuevas que tú comunicas a tu congregación son que Jesús no sólo vino para que nuestros pecados fueran perdonados, sino también para que fuéramos sanados. Aun cuando no todas las enfermedades son efecto o consecuencia del pecado, éste daña nuestra salud física y mental. Dios quiere que la servidumbre de pecado sea rota en la vida de la persona. Enfrentar las necesidades espirituales de una persona puede liberarla de culpa, adicciones, y hábitos perjudiciales a la salud física y mental.
El apóstol Pablo escribió a Timoteo, el joven al cual estaba sirviendo como mentor: “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8). Los ejercicios espirituales como la oración, la adoración, la lectura de la Biblia, y la comunión tienen un impacto en la integridad de la persona. Cuando usted disciplina a los creyentes para que crezcan espiritualmente, está conduciéndolos en la senda para una mejor salud en todos los niveles. Aun cuando la enfermedad y una precaria salud sean parte de la vida hasta que Jesús vuelva, usted puede ayudar a llevar sanidad a vidas quebrantadas, de a una persona por vez. Cuando lo haga, estará siguiendo las pisadas de Jesús, el Buen Pastor, que fue también el Gran Médico.
NotAs
1. R.D. Abbot y otros., “Walking and Dementia in Physically Capable Elderly Men,” (La habilidad de caminar y la demencia en varones ancianos físicamente capaces), JAMA 2004; 292:1447-1453.
2. J. Weuve y otros, “Physical Activity, Including Walking, and Cognitive Function in Older Women,” (Actividad física, incluida el caminar, y las funciones cognitivas en las mujeres mayores), JAMA 2004;292:1454-1461.
3. Las citas de las Escrituras han sido tomadas de la Biblia versión Reina-Valera 1960.
