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Lo que los veinteañeros quieren que usted sepa


Por Margaret Feinberg

Somos sus amigos, sus hijos, sus compañeros de trabajo, sus vecinos y los extraños a quienes usted les pasa por al lado todos los días; pero no piense ni por un momento que somos exactamente como usted. Somos veinteañeros — brillantes, atrevidos, educados — y estamos aprendiendo (a veces de la manera difícil) a sobrevivir y prosperar en la realidad. Pudiera pensar que nos conoce, pero si han pasado algunos años desde que usted podía llamarse legítimamente un veinteañero — porque aquellas calcomanías de defensas de automóviles de “veinteañeros para siempre” con el tiempo se desvanecen con el sol —, entonces tal vez usted tenga que volver a pensarlo.

La “lista de actitud mental” anual de la Universidad Beloit para los estudiantes de primer año destaca algunas de las diferencias de los veinteañeros de hoy. Hacen la observación de que estos estudiantes “han crecido en una época en que las computadoras y la comunicación rápida son la norma, y las universidades ya no pregonan a los cuatro vientos que las residencias estudiantiles tienen teléfono y que están provistas con lo más moderno de la tecnología. Esos estudiantes difícilmente reconocerán la existencia de teléfonos en sus habitaciones, ya que rara vez han utilizado líneas telefónicas terrestres durante su adolescencia. Continuarán con sus teléfonos celulares y la comunicación vía mensaje de texto. Los compañeros de cuarto, pocos de los cuales han compartido alguna vez una habitación, ya se conocen el uno al otro en Facebook, donde han transmitido sus pensamientos más personales al mundo entero. Las gasolineras nunca han arreglado neumáticos ponchados, pero la mayoría sirven el café llamado capuchino. La IBM nunca ha hecho máquinas de escribir. El identificador de llamadas ha estado siempre disponible en los teléfonos.”

Si está preguntándose cómo relacionarse con esta nueva generación de jóvenes adultos — y tender puentes a su corazón y su vida —, he aquí algunos consejos prácticos de uno de ese grupo:

Los veinteaÑeros anhelan relaciones autÉnticas

Por supuesto, parecemos del tipo independiente, del “hágalo usted mismo”, siempre de un lado a otro; pero no se deje engañar por nuestra apariencia. Debajo del revestimiento de muy ocupado no tengo tiempo, desfallecemos de hambre por relaciones auténticas.

Mientras hacía la indagación para Twentysomething: Surviving & Thriving in the Real World [Veinteañero: cómo sobrevivir y prosperar en la realidad] (W Publishing), pregunté a muchísimos jóvenes adultos cuál es la principal lucha de ser un veinteañero. La respuesta más común me sorprendió. La encuesta dice que es la soledad. Y las mujeres casadas respondieron que es la soledad mucho más que las solteras.

Los veinteañeros de hoy anhelan relacionarse con otras personas, aun con usted. Como ninguna otra generación anterior, anhelamos consejeros que con regularidad muestren un oído atento y una sonrisa amable.

A través de los años, he tenido muchísimas consejeras cristianas, mujeres que estaban dispuestas a hacer un espacio en sus ocupados programas para pasar un tiempo trabajando conmigo. Algunas eran funcionarias, como Jeanie, una mujer de cincuenta y tantos año, a la que me había asociado como parte de un programa de consejería de mujer a mujer con una iglesia de Pensacola, Florida. Nos reunimos una vez cada dos semanas durante cuatro meses. Al principio, éramos extrañas, pero en el transcurso de los almuerzos, nos hicimos amigas. Cuatro años y varias mudanzas más tarde, todavía intercambiamos tarjetas de Navidad y cartas.

Hacia el fin del programa de consejería, Jeanie confesó: “Al principio, tenía temor de unirme al programa y hacer de consejera. Sabía que no tenía todas las respuestas a las preguntas que ustedes me harían. Pero ahora comprendo que ustedes no acudían a mí en busca de respuestas; ustedes buscaban un oído atento y una amistad. Eso quitó gran parte de la presión.”

Si usted está en los treinta, cuarenta, cincuenta o más, y puede disponer del tiempo para reunirse regularmente con nosotros una vez al mes — sea para un almuerzo, una taza de café, una larga caminata o un trote corto —, nos encantaría pasar tiempo con usted. Tal vez tenga que tomar la iniciativa y desarrollar las pautas y los límites de la relación (de modo que no lo llamemos a las tres de la madrugada para hablarle del último y mejor anuncio comercial de televisión), pero sus esfuerzos serán más que recompensados.

Conforme cultive relaciones con los veinteañeros, recuerde que no estamos pidiéndole consejo sino esperando que nos muestre un oído atento. También estamos buscando personas que sean sinceras en cuanto a sus propias faltas y dudas. Las historias más elocuentes que usted contará a un veinteañero incluyen las palabras “me equivoqué” o “eso fue un error”.

Sara, una veinteañera que participa en un ministerio universitario ubicado en Texas, aconseja: “Sea genuino. Permítanos ver sus luchas. Queremos ver que usted tiene los mismos problemas que nosotros, o que por lo menos los tuvo cuando tenía nuestra edad. Usted entiende y aprecia más a las personas cuando sabe de dónde vienen. Cuente lo que está aprendiendo.”

Los veinteaÑeros quieren que usted celebre (o al menos respete) su estado de solteros

Según la Oficina del Censo de los Estados Unidos, desde la generación de nuestros padres el promedio de edad de matrimonio para los hombres ha subido de veintidós a veintisiete años, y el promedio de edad de las mujeres ha subido de veinte a veintiséis. Eso parece una estadística bastante inofensiva a no ser, por supuesto, que usted se encuentre en ese grupo demográfico.

Permítame desglosar eso para usted. Los veinteañeros de hoy se casan cuatro a cinco años después, como promedio, que nuestros padres. De modo que, cuando llamamos a nuestras madres para pedirles consejo con relación a nuestras carreras, las finanzas personales, y los préstamos estudiantiles (que sobrepasan los veinte mil dólares como promedio por graduado universitario), sentimos que no tenemos nada que ver el uno con el otro. Mi madre se casó a los diecinueve años; yo me casé a los veintinueve. Pasé una década afrontando una larga lista de retos y situaciones que incluían citas por la Internet, citas de contactos matrimoniales y grupos de solteros, que ella nunca tuvo que afrontar.

Los veinteañeros como yo a veces se sienten bien con los retos, pero la generación de nuestros padres no parece sentirse tan a gusto. No queremos que nos hagan preguntas sin respuestas como: “¿Has tenido alguna cita últimamente?” o “¿por qué no te has casado?” A menos que Ashton Kutcher vuelva a ser soltero (lo siento, Demi Moore) y se mude a la casa de al lado, es probable que no tengamos una mejor respuesta para usted que la de la última vez que preguntó. Y si la tenemos, se lo diremos.

Así que no se sienta como si tuviera que representar el papel de controlador en nuestra condición de solteros, o aun peor, de casamentero, cuando no se le pide. Si usted tiene a alguien a quien debamos conocer, nos lo dice con calma; y si nos interesa, se lo informaremos. Mientras tanto, concéntrese en animarnos en nuestras carreras, en nuestra participación en el ministerio, y en nuestro crecimiento espiritual. Y, por supuesto, usted siempre puede decirnos cuando parece que hemos bajado de peso. Eso casi siempre nos hace sentir cordiales y confundidos.

Un Último consejo

La buena noticia es que los veinteañeros de hoy no buscan que usted sea perfecto ni que tenga todas las respuestas acertadas. Y si usted lo intenta, no se sorprenda si sus nuevos amigos veinteañeros lo eluden. No esperan que usted sea un héroe, sino que sea un amigo y que los ame allí donde están. Y eso no es demasiado. En realidad, ¿no es eso también lo que usted busca?

Margaret Feinberg (www.margaretfeinberg.com) es una conferenciante y autora popular que vive en Morrison, Colorado. Es autora de The Sacred Echo [El eco sagrado], The Organic God [El Dios constitutivo], Twentysomething: Surviving & Thriving in the Real Wold [Veinteañero: cómo sobrevivir y prosperar en la realidad] y What the Heck Should I Do With My Life? [¿Qué pepinos debo hacer con mi vida?]

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