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El divorcio y las segundas nupcias:

cómo ayudar a quienes han experimentado ese trauma

Entrevista con George O. Wood

Las iglesias siempre han hecho énfasis en la importancia de matrimonios sólidos y necesitan seguir haciéndolo. Pero cuando los pastores y las iglesias ayudan hoy a los jóvenes adultos y adultos solteros, a menudo encuentran a quienes están solos debido al divorcio. Si un pastor no es cuidadoso, puede, sin darse cuenta, hacer que quienes se han divorciado se sientan como ciudadanos de segunda clase. Además, algunos pastores están en un dilema respecto a qué clase de puestos ministeriales pueden tener en la iglesia los que se han divorciado. Gary R. Allen, director ejecutivo de la revista Enriquecimiento, se sentó con el superintendente general, George O. Wood, para analizar cómo puede la iglesia ayudar a quienes se han divorciado. Wood también da algunas ideas en cuanto a cómo los divorciados pueden conservar puestos de ministerio en la iglesia.

En vista de que tantas personas se divorcian y se vuelven a casar, ¿qué pueden hacer los pastores para estimular los matrimonios sólidos en la iglesia?

Wood: el comienza con los niños y los jóvenes. Hábleles con sinceridad acerca de las cosas que corresponden al hogar, al matrimonio y a la sexualidad desde una perspectiva cristiana. La sociedad bombardea a nuestros jóvenes con mensajes sexuales desde la edad de diez u once, y la iglesia se ha mantenido demasiado callada. Esos jóvenes no reciben sólida dirección.

Sin embargo, esto está cambiando. Muchas de nuestras iglesias están dando ayuda a los jóvenes y a las familias acerca de este asunto.

Los pastores tienen que predicar acerca de lo que significa ser un esposo cristiano, una esposa cristiana, un padre cristiano, un hijo cristiano, y cómo las personas pueden tener una familia cristiana. También la iglesia debe desarrollar un programa para parejas que estén considerando el comprometerse o que ya estén comprometidas.

Cuando yo era pastor comenzamos un seminario de parejas comprometidas. Una pareja no tenía que estar comprometida para asistir, pero exigíamos que cualquier pareja se casara en la iglesia para asistir a ese seminario. A veces una pareja comprendía que estaban casándose con sus fantasías y no con la persona verdadera. Sus personalidades, puntos de vista e intereses eran tan diferentes que comprendían que habían estado en la pasión del romanticismo y habían pasado por alto la realidad.

Cuando hay aflicción en un matrimonio, la iglesia debe tener compasión, sobre todo hacia aquellos que son las víctimas del abuso o de la infidelidad de otra persona. Cuando una persona es la víctima de la mala conducta de otra persona, debemos tener cuidado de no tratar a esa persona como si fuera un leproso.

Cuando una pareja va a ver a un pastor y uno de ellos o los dos han estado divorciados y quieren volver a casarse, ¿qué pueden hacer los pastores para ayudar a esa pareja?

Wood: nuestro reglamento permite que un ministro celebre una boda si un matrimonio ha terminado debido al adulterio de un cónyuge infiel. Nuestro reglamento también dice que un ministro puede rehusar a casar a esa pareja.

El reglamento no menciona específicamente el que los ministros casen otra vez a alguien que se divorció antes de la conversión, y cuando el cristiano procura volver a casarse. Dada la acción del Concilio General al permitir que una persona tenga credenciales si se ha divorciado antes de la conversión, por deducción un ministro tendría esa libertad.

Pero hay casos en que un matrimonio ha terminado no debido a la infidelidad, sino por otras razones. Como pastor, usé los principios bíblicos y mi conciencia como guía. Por ejemplo, si había habido maltratos, yo celebraría esas segundas nupcias. Pero si yo sentía que el matrimonio no cumplía las condiciones bíblicas, yo refería ese matrimonio a algún otro ministro. Esa era mi manera de proceder.

Hoy tenemos a hombres y mujeres que quieren credenciales que han tenido enredos matrimoniales antes de su conversión. ¿Cómo estamos tratando eso?

Wood: he tenido un sentimiento profundo desde que me hice pastor en 1971 que la posición de nuestras Asambleas de Dios tiene que reflejar con más precisión lo que considero que las Escrituras dicen al respecto. En el pasado nuestra posición representaba más nuestra tradición que lo que decían las Escrituras.

Cada vez más a través de los años hemos ido llevando nuestra posición a una cuidadosa armonía con la Biblia. Digo esto porque algunos creen que nuestros cambios en cuanto a otorgar credenciales eran simplemente una transigencia con la cultura existente. Nunca lo vi de esa manera. Sentía que algunas de nuestras posiciones antes del 2000, aun antes de 2007, se basaban en una limitada comprensión de la frase “marido de una sola mujer”, que aparece en Timoteo y Tito.

En la hermenéutica enseñamos que no se edifique la doctrina sobre textos confusos o textos que puedan tener un sinnúmero de interpretaciones. “Marido de una sola mujer” es uno de esos textos. En realidad, ya hemos considerado ese texto de varias maneras porque damos credenciales a mujeres que no son marido de una sola mujer. Damos credenciales a personas solteras que no son marido de una sola mujer. Damos credenciales a viudos que han vuelto a casarse. Así que en efecto hemos considerado ese texto.

En mi primer año en el seminario uno de mis profesores conversaba con un grupo de otros estudiantes de primer año. Él creía que “marido de una sola mujer” quería decir una esposa para toda la vida. Si su esposa moría, las Escrituras prohibían que se volviera a casar. Si se volvía a casar, perdía su ordenación. Yo tenía veintidós años, y pensaba que eso era un extremismo. Para fines del segundo año, su esposa había muerto. Antes del tercer año se había vuelto a casar. Su posición acerca de ese pasaje cambió 180 grados.

Tenemos que interpretar “marido de una sola mujer” de la misma manera que interpretamos Hechos 2:17: “En los postreros días, … Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán”. Decimos que lo que Pedro dice de Joel es nuestro fundamento para dar credenciales a las mujeres. Si creemos que la frase “marido de una sola mujer” quiere decir una esposa durante toda la vida, decimos que esa frase no se aplica a alguien que vuelve a casarse después que muere un cónyuge. De modo que empleamos esta interpretación y permitimos que los ministros cuyo cónyuge ha muerto se vuelvan a casar y mantengan sus credenciales.

¿Qué podemos decir de quienes son solteros? El apóstol Pablo era soltero. Es obvio que entonces la frase “marido de una sola mujer” no excluía a las personas solteras. De modo que así es cómo interpretamos este texto como nuestro fundamento para dar credenciales a solteros.

Mi posición es ésta: ¿por qué entonces no interpretamos “marido de una sola mujer” según 2 Corintios 5:17, “si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”? ¿Por qué no lo interpretamos conforme a las declaraciones de Jesús en Mateo 5:31,32 respecto a las personas que han sido víctimas de la infidelidad de otra persona y al hecho de que ya no están obligadas con esa persona? ¿Por qué no interpretamos “marido de una sola mujer” empleando eso como fundamento para dar credenciales a quienes se divorciaron antes de la conversión?

El Concilio General ha desarrollado un proceso para personas que han sido las víctimas de la infidelidad de un cónyuge o que estaban divorciadas antes de su conversión. Este es un proceso separado del de otorgar credenciales. Si una persona quiere credenciales, debe pasar por el proceso de solicitud, pero hay un proceso de solicitud separado para quienes se han divorciado. Deben presentar documentos y testimonios de personas que conozcan las circunstancias. El presbiterio entrevista a esas personas. Estamos viendo a personas que ya fueron usadas en el ministerio en nuestros púlpitos y en nuestras iglesias, pero no les daríamos credenciales.

A menudo dijimos a una persona que se graduaba de una de nuestras escuelas: “Te preparamos, pero no podemos darte credenciales”. Yo tenía un problema ético con eso. Dejamos que esa persona invierta su tiempo y su dinero preparándose para el ministerio y la tratamos como si fuera competente para el ministerio, pero cuando llega el momento de cerrar el trato, le decimos: “Lo siento. Váyase a otra iglesia”. Hemos progresado al abrir la puerta y ser bíblicos al mismo tiempo.

Responda a quienes pudieran creer que hemos disminuido el valor del pastorado y del diaconado al permitir que sean ministros personas divorciadas y que se han vuelto a casar.

Wood: en primer lugar, respeto esa posición. Hay lugar para una variedad de interpretaciones de las Escrituras, y comprendo que algunos de mis amigos creen lo opuesto de eso según interpreten un pasaje. Debemos respetar los puntos de vista de cada uno.

Mi experiencia ha sido que las personas que han sufrido ese trauma están más dedicadas al matrimonio y defienden más las normas del matrimonio que muchas personas que no han conocido nunca ese dolor. En los diecisiete años que pastoreé, tres miembros de nuestra junta de diáconos habían tenido la experiencia del divorcio debido a la infidelidad de un cónyuge y se habían vuelto a casar. Eso no ocurrió mientras eran diáconos, sino antes de que fueran diáconos. Ellos eran hombres santos. Sus matrimonios eran un ejemplo de la vida cristiana. Esos eran hombres de fe y de buena reputación. Según nuestra norma anterior, podían enseñar una clase de escuela dominical, ser ujier, trabajar con los Exploradores del Rey, pero no podían ser diáconos.

Cuando les permitimos que fueran diáconos, quitamos el estigma y les permitimos desarrollarse en el ministerio. Habríamos estado perdiendo un ingrediente de contribución espiritual si no hubiéramos abierto la puerta para incluir sus dones. No eran culpables en su separación. No tuvieron esa opción; sus esposas los obligaron a hacer eso. Así que, ¿por qué hemos de tratar injustamente a la víctima, que es lo que habíamos estado haciendo?

¿Cómo puede un pastor que haya tenido un matrimonio anterior oponerse al divorcio?

Wood: un pastor que haya experimentado el divorcio puede oponerse al divorcio porque conoce el trauma relacionado con el divorcio. Pero necesito hacer esa distinción. Hace poco ha habido algunas personas muy conocidas en el movimiento carismático que se divorciaron sin una razón justificada en la Biblia. Simplemente se han divorciado y han actuado como si nada. Continuaron su ministerio, y los de su congregación están aplaudiendo. Cuando esto ocurre, eso da licencia para que todo matrimonio en dificultad se venga abajo.

En las Asambleas de Dios proporcionamos algunas limitadas posibilidades para quienes han tenido un matrimonio anterior. Esas limitadas posibilidades están especificadas con toda claridad como infidelidad o una anulación eclesiástica antes del matrimonio, en el momento del matrimonio, o inmediatamente después del matrimonio. Hemos tenido esa norma por unos setenta años. Hace poco hemos añadido el aspecto siguiente. Si un pastor y su cónyuge se divorcian porque no se llevan bien, nuestra norma permitiría que un ministro mantenga sus credenciales siempre que no vuelva a casarse. Pero si vuelve a casarse y no tiene razón bíblica alguna para el divorcio, entonces debe entregar sus credenciales.

¿Qué podemos decir para alentar a los pastores en comunidades y congregaciones más pequeñas que se esfuerzan por tener personas competentes que satisfagan su reglamento, su constitución o su tradición en este asunto del divorcio y de las segundas nupcias?

Wood: como pastor, hay que emplear sabiduría. Si usted tiene a muchas personas que se oponen a la reconsideración de este asunto, entonces debe esperar. Nunca traté de forzar nada cuando sabía que ocasionaría mayor desunión. Si el pastor cree que será un asunto imprevisible — impongo esta regla sin que importe cuál sea el asunto — habría una serena presentación de los pros y los contras. No permitía ataques personales contra las personas que tenían distintos puntos de vista. No permitía el aplauso ni el abucheo ni ninguna otra manifestación física que indicara acuerdo o desacuerdo. Después del intercambio de ideas dirigía una votación secreta. Acordábamos que eso no se convertiría en una cuestión de la fraternidad. Debemos dar más crédito a los laicos. Si les damos una posibilidad razonable de hacer cosas de una manera metódica y cristiana, se han de comportar bien.

¿Qué es nuestro proceso acerca de la anulación?

Wood: para las credenciales ministeriales no tomamos en cuenta las anulaciones legales. Aunque una persona tuviera un matrimonio que ha sido legalmente anulado, seguimos exigiendo que el solicitante de una credencial pase por un proceso de anulación eclesiástica. Esta clase de anulación es algo que ha estado con las Asambleas de Dios desde los años treinta del siglo pasado. Se basa en el fraude o en el engaño antes del matrimonio, en el momento del matrimonio, o inmediatamente después del matrimonio. El fraude o el engaño puede incluir asuntos como la homosexualidad que el cónyuge encubría, las relaciones románticas que no reveló, o problemas psiquiátricos graves que tampoco dio a conocer. Esas son algunas cosas que caen en una anulación eclesiástica. No hay estipulación alguna para tratar las anulaciones de los laicos; estas solamente se relacionan con las credenciales.

Un pastor tiene que usar el juicio cuando una persona dice que ha tenido una anulación legal. Si no se consumó el matrimonio, ni siquiera califica bíblicamente como matrimonio.

Un pastor tendría que considerar el fundamento de esa anulación legal. Obtener una anulación legal significa que no hay consumación y que hay abandono inmediato después del matrimonio. Es probable que eso permita que una persona vuelva a casarse.

¿Cuáles son algunas formas prácticas en que una iglesia puede incluir y apoyar más a las personas divorciadas en su congregación?

Wood: una iglesia debe considerar con cuidado su mensaje. Por ejemplo, si una iglesia se califica a sí misma como iglesia de familia, está dando un mensaje a los padres solteros que probablemente sea negativo. Los pastores tienen que ser sensibles cuando predican acerca del matrimonio. Como habrá en el público personas solteras o divorciadas, el pastor debe ser inclusivo en su predicación. Él puede decir: “Estos son principios que aplico a un esposo y a una esposa, pero hay principios más amplios que se aplican a todos nosotros”.

El Día de las Madres — que es uno de los días más difíciles del año para algunos — tenía en consideración que había madres solteras en mi congregación que han tenido malas experiencias. La Navidad es otra temporada. Como pastor tiene que observar constantemente lo que dice desde el púlpito y en las publicaciones. Debe tener cuidado de no emplear términos que no incluyan a quienes han pasado por la aflicción conyugal y el divorcio.

¿De qué manera inadvertida o intencional ha hecho la iglesia que los divorciados se sientan como personas de segunda clase, o como personas irresponsables?

Wood: los tiempos han cambiado. Cuando yo estaba creciendo, no había personas divorciadas en la iglesia. Si alguien estaba divorciado, sin que importara la causa, quedaba estigmatizado. Eso ha cambiado hoy. Pero también varían las actitudes por el tamaño de la iglesia, por la región del país o por la cultura. Si una iglesia pequeña va a crecer, debe crear un ambiente acogedor para las personas, de donde quiera que vengan.

¿Algún comentario final?

Wood: una analogía que me ayuda es el arca del pacto. El arca del pacto tenía la ley, pero también tenía el propiciatorio. Los Diez Mandamientos y el propiciatorio representan la justicia de Dios y el amor de Dios. Cuando están juntos, su rectitud y su compasión se fusionan en su justicia.

En el arca del pacto, Dios optó por representar físicamente esos dos aspectos de su naturaleza que son igualmente fuertes. Él puso la misericordia sobre la ley. Tengo eso en cuenta cuando trato con las personas. En vez de ser un judaizante o legalista, tomo en cuenta la compasión y la misericordia. Si se me obliga a escoger, si es bíblicamente y prudentemente posible poner la misericordia sobre la ley, elevaré la misericordia, ya que eso es lo que Dios hizo.

(Para ver el documento del punto de vista de las Asambleas de Dios respecto al divorcio y a las segundas nupcias, vaya a: http://ag.org/top/Beliefs/Position_Papers/index.cfm.)

George O. Wood, D.Th.P., es el superintendente general del Concilio General de las Asambleas de Dios, Springfield, Missouri.

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