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La transformación de una iglesia – según el modelo de Hechos 2

Por L. Alton Garrison

En noviembre de 1985 Don Russell, un diácono de la Primera Asamblea de Dios en North Little Rock, Arkansas, me llamó para preguntarme si yo podía comparecer ante la Directiva de la iglesia. Con anterioridad a su llamado, algunos acontecimientos y sentimientos me habían hecho pensar que tal vez podría ocurrir una transición de 18 años de ministerio como evangelista al ministerio pastoral.

La Primera Asamblea tenía una rica herencia de capaces pastores, mientras que yo no tenía ninguna experiencia como pastor. Nunca había dedicado un bebé ni había bautizado a un creyente. Había hablado en funerales, pero nunca había hecho planes para uno. Había celebrado solo una boda, pero no estoy seguro de que tuviera algún valor, pues fue en un parque. No duró.

Los diáconos eran hombres de fe y de visión, que sentían que era tiempo de salir de un pensamiento demasiado cerrado. Había transcurrido un tiempo bastante largo desde la renuncia de mi predecesor. Él había sido pastor durante 12 meses, y el pastor anterior a él había estado en la iglesia solamente 36 meses. La iglesia había mantenido un promedio de 450 a 600 de asistencia por alrededor de 35 años. Es una regla reconocida que cuanto más tiempo permanece estancada una iglesia, tanto más difícil es revitalizarla.

Después de entrevistas, oración, y discusiones acerca de mi falta de experiencia pastoral, la Directiva me presentó como candidato y la iglesia me eligió con una votación de alrededor de 83 por ciento. Muchos pastores consideran que ese margen está por debajo de lo que es su nivel de tranquilidad, pero yo sentí que era la voluntad de Dios para mí y acepté, aun cuando era un paso de inseguridad para Johanna y para mí. Yo también reconocí que era intranquilizador para quienes sentían que merecían un pastor que tuviera experiencia.

Me sentí cómodo relacionándome con la gente, dirigiendo los cultos, y ministrando en el altar; pero no pasó mucho tiempo antes de que me diera cuenta que dirigir una iglesia requería de otras destrezas y habilidades. Yo no tenía experiencia con órdenes de compra, petición de cheques, y otras tareas administrativas seculares que deben realizar regularmente los pastores de cualquier iglesia – grande o pequeña. No tenía experiencia respecto de planificación a largo plazo, lanzamiento de una visión, sistemas de pensamiento, o desarrollo de un proceso que se proyectara en el futuro.

Necesitaba un modelo. Sabía que no sólo tenía que estar basado bíblicamente, sino ser suficientemente sencillo de comunicarlo y de ponerlo en función.

No se meta en un asunto de esta naturaleza si usted es de una generación anterior.

No tome el fono y comience a cotorrear por el hecho de haber estado en ese seminario o de haber leído ese libro.

No estoy abogando por un plan simplista, de fórmula, que no requiere fervor espiritual ni profundidad bíblica, ni estoy diciendo que existe un modo de estereotipo que es la respuesta para toda iglesia que ha estado estancada. Pero, reconociendo que las denominaciones están en declinación y que el mundo evangélico admite abiertamente que ha sido lamentablemente ineficaz en discipular a los convertidos, uno debe admitir que una mentalidad que se resiste al avance no obtendrá mayores resultados.

David Kinnaman, en su libro No cristiano, informa que 84 por ciento de las personas que él entrevistó dijeron conocer al menos a un cristiano consagrado. Sin embargo, sólo el 15 por ciento de ellos piensa que el estilo de vida de esos cristianos es significativamente distinto de la norma.1 Solamente 7 por ciento de los pastores de las Asambleas de Dios están satisfechos con el estado del discipulado en sus iglesias.2

La gente no está cumpliendo con llegar a ser seguidores comprometidos de Cristo. Las iglesias que no manifiestan intencionalidad en la formación espiritual están llenas de bebés cristianos aparentemente más preocupados de su comodidad personal, y es poco lo que se preocupan de alcanzar a la gente de su comunidad.

Para manifestar intencionalidad de moverse desde la inacción hasta cumplir la misión, se requiere que haya una visión que se proyecte más allá de un domingo al otro; requiere una jornada fe estratégica.

Se precisa que haya una dotación de poder del Espíritu Santo para alcanzar el proceso de transformación que revitalice una iglesia que ha estado en estancamiento espiritual y numérico. El proceso de transformación requiere también un proceso bíblico – uno que sea estratégico y dirigido por el Espíritu. Si el proceso es imperfecto, el producto será defectuoso.

Adopté un modelo de diagrama que presentaba un proceso para la salud y el desarrollo de la iglesia y que había sido adaptado de un diamante de béisbol. Este proceso movía intencionalmente a los creyentes a la condición de miembros, de madurez, de ministerio, y de misión.

Cuando la iglesia comenzó a crecer, modelamos el proceso para que se ajustara a nuestra cultura y a nuestras necesidades. Nuestra meta era que todos se conectaran, crecieran, sirvieran y que salieran. En la actualidad, la Primera Asamblea en North Little Rock es un cuerpo saludable de seguidores de Cristo, que están yendo a su comunidad y al mundo.

La misiÓn de la iglesia

La Biblia es clara respecto de la misión de la iglesia universal. No es compleja; en realidad es bastante sencilla. Jesús dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:19-20).

Jesús añadió otra dimensión al servicio a Dios: “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39).

El gran mandamiento y la gran comisión deben ser la misión y el mensaje de toda iglesia. Hacer que la declaración de la misión y del mensaje de la iglesia sea algo sencillo, no es tarea fácil. Hay una diferencia entre lo sencillo y lo fácil. Lo sencillo es básico, sin complicaciones, y fundamental. Lo fácil es algo sin esfuerzo. Me gusta la manera en que Thom Rainer y Eric Geiger lo expresan en Iglesia sencilla: “El ministerio nunca será fácil. Es complicado y difícil, porque la gente es complicada y difícil”.3

Los líderes religiosos de la época de Jesús habían hecho que los servicios religiosos fuesen complicados. Jesús simplificó dramáticamente la misión de la iglesia. Él tomó los 613 mandamientos de la Ley y los redujo a dos – no aboliendo la ley, sino capturando el espíritu de la Ley en dos declaraciones. Pero simplificar el proceso puede llevar tiempo.

Las funciones de la iglesia

Ir tras un proceso sencillo de vida de la iglesia no es una indicación de que el poder divino sea innecesario. T.S. Eliot escribió acerca de los desafíos y del potencial de la iglesia en su poema, “La Roca”:

Y la Iglesia debe estar por siempre construyendo,
Y siempre decayendo,
Y siempre siendo restaurada.

En su libro La Iglesia estadounidense en crisis, David Olson escribió que en el poema de Eliot, “siempre decayendo”, indica que toda entidad orgánica mengua y decae con el tiempo. “Siempre construyendo” describe el modelo de las iniciativas creativas que promueven la vida y la vitalidad. “Siempre siendo restaurada” describe un acto espiritual y sobrenatural de Dios. La restauración ocurre cuando Dios obra por medio del poder del evangelio y el movimiento del Espíritu Santo, insuflando nueva vida en su iglesia”.4

Después del día de Pentecostés y de la formación de la iglesia primitiva, Dios nos dice exactamente lo que debieran ser las funciones o propósitos de la iglesia: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:42-47).

De esos versículos provienen cinco funciones que la iglesia debe cumplir:

James Emery White, dijo: “Estas cinco actividades . . . constituyen el negocio, o propósito, de la iglesia. Es como se ve una comunidad que funciona bíblicamente. Es lo que la iglesia hace”.5

El proceso de Hechos 2

Una vez que las funciones bíblicas de la iglesia se identifican, la iglesia debe poner en función un proceso que asegure que se mantiene un equilibrio saludable. Rainer dijo: “Aun cuando Dios nunca cambia, Él ha escogido operar por medio de un proceso divino … Dios decidió crear el Universo mediante un proceso secuencial y ordenado. Él también diseñó la maduración de su Creación, incluyendo al hombre, que ocurriría en el proceso”.6

El proceso de Hechos 2 de la vida de la iglesia es la implementación de las funciones de la iglesia de Hechos 2. Se crea una jornada intencional para cada iglesia, en forma independiente de su tamaño. Hay cinco pasos en el proceso: adoración, conexión, crecimiento, servicio, y marcha.

adoraciÓn

Fundamental en el proceso total es la adoración. Dios debe ser el centro de atención en toda iglesia. Él debe ser la más alta prioridad en la iglesia. La percepción que una iglesia tiene de Dios determinará la manera en que enfrente cualquier otra actividad en la vida de la iglesia.

La iglesia y sus miembros deben creer y practicar la palabra de Dios. Ellos deben apreciar la manifestación de su presencia. Sus hijos deben estar creciendo en la gracia. Ellos necesitan buscar su voluntad.

Jesús dijo: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:10).

Algunos consideran que la adoración es solo el tiempo asignado para cantar. La adoración es mucho más que eso. La adoración es ver a Dios en la debida forma y expresar nuestro amor por Él.

Las expresiones de adoración incluyen:

ConexiÓn

Las cinco necesidades más grandes de la personalidad humana son: significado, apoyo, estabilidad, estimulación, y auto-expresión. La conexión con una familia de iglesia es lo que satisface estas necesidades de la mejor manera. Dios nos ha diseñado para estar conectados.

Necesitamos algo en lo cual creer, algún lugar al cual pertenecer, una manera de comportarnos, y algo que queremos llegar a ser. Sin importar la manera en que establezcamos nuestras prioridades, todo esto es necesario. Todos necesitamos conectarnos a Jesús y a nuestros semejantes.

Nuestra conexión a los demás por medio de las relaciones crea oportunidades para el evangelismo, la fraternidad, y el ministerio. De este modo se cumplen tres de las funciones de la iglesia como están delineadas en Hechos 2.

La mayoría de las personas que comienza a asistir a una iglesia y luego deja de hacerlo es porque no se sienten deseados. Con frecuencia no pueden llegar a conectarse, aun cuando la iglesia a la que han asistido declara ser la iglesia más amistosa de la ciudad. No se trata de la amistad que existe entre los que ya están en la iglesia, sino de la facilidad con que los recién llegados pueden hacerse de amigos.

Los que están buscando un lugar para adorar preguntan: “¿Puedo encontrar nuevos amigos aquí? ¿Encontraré cabida? ¿Necesita de mí esta iglesia?”

Las iglesias pueden facilitar las relaciones de conexión por medio de una atmósfera cordial y amistosa, de un seguimiento y asimilación eficaces; de incidencias de introducción y clases, y de pequeños grupos y escuela dominical.

crecimiento

El escritor de Hebreos exhorta: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección” (Hebreos 6:1).

En el desarrollo espiritual, el crecimiento es un estilo de vida cristiano que se obtiene mediante el aprendizaje de los principios de Cristo y la práctica de los mismos por medio de la dotación de poder del Espíritu Santo.

Las Escrituras muestran con claridad que hay un punto de partida básico de la fe cristiana: admitir que necesitamos a Jesús y luego aceptarlo como Salvador. No se confunda; la salvación es algo imperativo. Sin embargo, la experiencia de salvación no deja fuera la necesidad de discipulado cristiano. Intencionalmente o no, hemos promovido la idea de que ser un seguidor de Cristo es sobre todo lo concerniente a la mera elección de convertirse. “En una cultura con énfasis en la salvación, muchas de las conversiones llegan a ser, o bien creyentes “abortivos” o cristianos de nombre”.7

John Perkins dijo: “Hemos sobre-evangelizado el mundo muy livianamente”. Cuando se le preguntó qué quería decir con eso, dijo: “El evangelismo llega a ser realmente contraproducente para el propósito de la iglesia cuando no va acompañado de discipulado. El evangelismo y el discipulado debieran ser un par inseparable”.8

En mi libro The 360º Disciple [El discipulado en 360º], yo comento muchas facetas del discipulado. Aun cuando esto no puede ser un estudio exhaustivo sobre el tema, yo presento una lista de cinco hábitos importantes de un discípulo:

A.B. Bruce en su libro clásico, The Training of the Twelve [La preparación de los doce], divide el proceso de hacer discípulos en tres categorías:

servicio

En mi calidad de superintendente del distrito de Arkansas, yo estaba a cargo de los pastores y tenía conocimiento de que su mayor necesidad era “hacer que los laicos se ocuparan en el ministerio”. Los pastores estaban preguntando continuamente cómo hacer para que los buenos cristianos pasaran de ser espectadores a participantes.

“Nosotros pagamos al predicador para que haga el trabajo del ministerio” es una actitud que hará que muy pronto una iglesia se estanque y que ponga su enfoque hacia el interior. Pablo escribe que la responsabilidad del pastor es “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12). Cuanto mayor sea la cantidad de gente ocupada en el servicio, tanto más saludable será la iglesia.

Otra investigación que realizamos reveló algunos hechos sorprendentes:

Cuanto más gente servía, tanto más fieles eran en asistencia y en mayordomía.

El servicio a Dios y la iglesia es uno de los ingredientes clave para transformar una iglesia que necesita nueva vida espiritual. “Hay diversidad de ministerios . . . vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1Corintios 12:5, 27).

Una iglesia de Hechos 2 es aquella en la cual la gente está deseosa de servir.

ir

Según la encuesta sobre el estado de discipulado en las Asambleas de Dios, 93 por ciento concuerda en que sus congregaciones entienden que es responsabilidad de cada cristiano compartir el evangelio con los no cristianos. Sin embargo, sólo 17 por ciento convino firmemente y 44 por ciento estuvo algo de acuerdo en que su gente puede cómodamente y eficazmente compartir con alguien su creencia en Cristo.

Una iglesia de Hechos 2 debe entender su cultura. Debe preparar eficazmente a su gente para que tenga adecuado manejo de todas las formas de metodología a fin de alcanzar con el evangelismo para Jesús a los perdidos. Los ministerios de compasión, de amistad, de establecimiento de relaciones con propósito redentor, de proclamación y encarnación, de alcance personal, de predicación, de enseñanza, y de ejemplos de estilo de vida, todos son necesarios para causar un impacto en esta sociedad cínica y apática, con un mensaje de arrepentimiento y redención. Que Dios nos ayude a entender la urgencia de salir.

Dios ama a la gente. “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Dios demostró su prioridad en alcanzar a los perdidos en las parábolas de Jesús acerca de la oveja perdida, la moneda perdida, y el hijo perdido (Lucas 15). Dios nos manda: “Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa” (Lucas 14:23). Dios nos equipó con poder para ganar a los perdidos, “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

ConclusiÓn

Una iglesia de Hechos 2 cumplirá las funciones de la iglesia bosquejadas por Lucas en el libro de Hechos. En la medida en que el proceso avance, un nuevo creyente hallará un lugar al cual pertenecer (conexión), será transformado por medio del discipulado del Espíritu Santo (crecimiento), expresará adoración a Dios (adoración), desarrollará su ministerio a Dios y a la iglesia (servicio), y cumplirá su responsabilidad personal formando relaciones redentoras (salir).

Una iglesia de Hechos 2 es la esperanza del mundo. Sin embargo, a menos que nos dediquemos a un proceso de transformación y busquemos la dotación de poder del Espíritu Santo, perderemos esta generación para Cristo.

Erasmo, uno de los grandes eruditos del Renacimiento, refería un cuento mítico referente al regreso de Jesús al cielo después de su tiempo en la tierra. Los ángeles se reunían alrededor de Él para saber qué había ocurrido. Jesús les hablaba de sus milagros, de sus enseñanzas, y luego de su muerte y resurrección. Cuando Él concluía, el arcángel Miguel le preguntaba: “Pero Señor, ¿qué sucede ahora?”

Jesús respondía: “He dejado allá 11 hombres fieles que declararán mi mensaje y expresarán mi amor. Estos hombres fieles establecerán y edificarán mi iglesia”.

“Pero”, respondió Miguel, “¿y si estos hombres fracasan? ¿Qué sucederá?”

A lo que Jesús responde: “No tengo otro plan”.10

La iglesia no debe fallar.

L. ALTON GARRISON, vice-superintendente general del Concilio General de las Asambleas de Dios, Springfield, Missouri.

NotAs

1. David Kinnaman, No Cristiano (Grand Rapids: Baker Books, 2007), 48

2. Encuesta realizada para las Asambleas de Dios por Lifeway Christian Resources, Nashville, Tenn., 2008.

3. Thom S. Rainer y Eric Geiger, Iglesia sencilla (Nashville: Broadman & Holman Publishers, 2006), 16.

4. David Olson, La Iglesia Estadounidense en crisis (Grand Rapids: Zondervan, 2008), 17.

5. James Emery White, Re pensando la Iglesia (Grand Rapids: Baker Books, 2003), 31.

6. Rainer y Geiger, 15, 16.

7. Kinnamam, 79.

8. Olson, 137

9. Bill Hull, El pastor discipulador (Old Tappan, N.J.: Fleming H. Revell, 1988), 214.

10. White, 161, 162.

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