Primera parte: Hermenéutica, promesas del Antiguo Testamento, y terminología alterna
Por Anthony D. Palma
Esta serie de ensayos explorará las enseñanzas pentecostales acerca del bautismo en el Espíritu Santo. Tratarán con los dos asuntos relacionados con la experiencia posterior a la salvación y el acompañamiento de hablar en lenguas. La primera parte cubre consideraciones hermenéuticas básicas, la promesa del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento, y la terminología alterna para el bautismo en el Espíritu.1
Consideraciones hermenéuticas
Hay dos razones de que se debe prestar seria atención a los asuntos hermenéuticos cuando se relacionan con el bautismo en el Espíritu Santo: (1) el creciente movimiento de la tercera oleada pentecostal/carismática no está unificado en su comprensión del bautismo en el Espíritu Santo. (2) Serios desafíos de tres fuentes se han dirigido a la doctrina desde una perspectiva hermenéutica: (a) cesacionistas, quienes sostienen la discontinuidad de dones extraordinarios después del primer siglo; (b) no-cesacionistas (continuacionistas) que no son parte del movimiento, que aceptan la continuación de dones extraordinarios, pero que rechazan la comprensión pentecostal del bautismo en el Espíritu; (c) algunos exégetas dentro del movimiento que cuestionan la validez hermenéutica de la doctrina.
Las siguientes presuposiciones y puntos hermenéuticos clave han guiado la redacción de esta serie. Se presenta un resumen de ellas para proveer un trasfondo y un marco de referencia para la comprensión del resto de la serie.2 Los puntos no se enumeran necesariamente en orden de importancia o en un estricto orden lógico. Los puntos coinciden en ciertos aspectos e influyen uno en el otro.
1. Toda la Escritura es inspirada por Dios. El Espíritu Santo, el divino autor, no se contradice en las Escrituras. Por consiguiente, los escritores tampoco se contradicen entre ellos.
2. Una adecuada comprensión de la disciplina de la teología bíblica debe ser lo que gobierne la exégesis de las Escrituras. La definición de teología bíblica puede variar, pero su esencia es que las enseñanzas deben emerger del texto bíblico y no deben forzarse.
3. Un escritor bíblico específico debe entenderse en sus propios términos. El enfoque paulino no debe aplicarse a los escritos de Lucas, ni tampoco el razonamiento de Lucas debe aplicarse a Pablo. Considerando que la Biblia no es una obra de teología dogmática o sistemática, los diversos escritores bíblicos a veces usan terminología similar pero con diferente significado. Ilustración: Recibir el Espíritu puede tener variación de significado para Lucas, Pablo, Juan. ¿Qué quiere decir cada uno con su uso del término?
4. Cada escritor bíblico generalmente tiene un énfasis diferente. El Evangelio según Juan, por ejemplo, enfatiza la deidad de Cristo; Pablo enfatiza la justificación por la fe; Lucas (tanto en su Evangelio como en el libro de los Hechos) se concentra en el aspecto dinámico del ministerio del Espíritu Santo. Como Lucas se concentra en este aspecto de la obra del Espíritu, es importante entender lo que él dice acerca del asunto.
5. Después de que se ha entendido a un escritor bíblico en sus propios términos, sus enseñanzas pueden relacionarse con las de otros escritores y todas las Escrituras.
6. La complementariedad, en vez de competición o contradicción, generalmente caracteriza diferencias aparentemente irreconciliables. ¿Cuál es la perspectiva del escritor en particular? Por ejemplo, ¿realmente Santiago contradice a Pablo en cuanto a la relación entre la fe y las obras? ¿o están inspiradas sus declaraciones en sus razones para escribir acerca del asunto, y debemos interpretarlas bajo esa luz? ¿Hay una verdadera contradicción entre lo que Pablo y Santiago piensan acerca del ministerio del Espíritu?
7. Los escritos de Lucas se clasifican en el género literario de la historia. Pero el libro de los Hechos es más que la historia de la iglesia primitiva. Especialmente la erudición de nuestro tiempo, afirma que además de historiador, Lucas también era teólogo. Él usó la historia como un medio para presentar su teología.
8. Dentro del marco de la interpretación crítica-histórica de las Escrituras, la disciplina que se conoce como redacción crítica ha alcanzado amplia aceptación en los últimos años. Su premisa básica es que el escritor bíblico es un editor, y sus escritos presentan su teología. Él toma el material que tiene a la mano y le da forma para que presente una agenda teológica predeterminada. En su forma básica, la redacción crítica es una ocupación legítima y necesaria. Pero en su forma más radical, permite que el autor altere hechos y que incluso cree una historia y la presente como un hecho con el fin de promover sus propósitos teológicos. A modo de ilustración: Pablo no pudo haber preguntado a los hombres de Éfeso: ¿Recibieron el Espíritu Santo después de que creyeron? (Hechos 19:2, paráfrasis), porque él enseña en sus cartas que la persona que cree recibe el Espíritu Santo en ese momento. Lucas, entonces, creó el incidente o alteró las palabras de Pablo con el fin de que su narrativa reflejara su (de Lucas) comprensión de la obra del Espíritu. Esta forma radical de redacción crítica es inaceptable para quienes tienen en alta estima la inspiración divina de las Escrituras. El Espíritu Santo, que sabe todas las cosas, no permitiría que un escritor bíblico presentara como un hecho algo que no sucedió.
9. Por naturaleza, los documentos de historia son subjetivos y selectivos, porque el escritor influye con su punto de vista y predilecciones. Así sucede con el libro de los Hechos pero con la condición de que la historiografía de Lucas en resumidas cuentas no es la suya, sino la del Espíritu Santo.
10. La teología narrativa es un acercamiento relativamente reciente a la hermenéutica. Otro aspecto de ella se conoce como analogía narrativa. Al utilizarla, el autor invita al lector a hacer un estudio comparativo de historias parecidas para descubrir patrones o ecos, como la repetición de asuntos o frases.3 Este aspecto analógico de la teología narrativa está estrechamente relacionado con el enfoque pentecostal tradicional de la comprensión del bautismo en el Espíritu en términos de las narrativas de los Hechos.
11. Una objeción a la comprensión pentecostal del bautismo en el Espíritu es que se fundamenta en precedente histórico, que, como ya se ha dicho, no puede usarse para establecer doctrina. Según este punto de vista, podría ser cierto que Lucas registra una experiencia del Espíritu posterior a su obra en la regeneración y que además la experiencia incluya glosolalia, pero no se debe formular doctrina de este hecho. Dicho de otra manera, las narrativas son descriptivas, no prescriptivas, porque no hay declaración hipotética que diga que las experiencias de los discípulos son para todos los creyentes.
No obstante, la inducción es una legítima expresión de la lógica. Es la formación de una conclusión general a partir del estudio de incidentes o declaraciones particulares. ¿De qué otra manera se puede justificar la doctrina de la Trinidad o la unión hipostática: que Cristo es plenamente hombre y plenamente Dios en una persona? El Nuevo Testamento no tiene declaración hipotética acerca de estas dos doctrinas. Por lo tanto, corresponde hacer un estudio inductivo de los incidentes de los Hechos para determinar las lecciones teológicas cumulativas de estas narrativas.
Una objeción que con frecuencia presentan los críticos es que si insistimos en el precedente histórico de una experiencia del Espíritu pos-conversión, debemos consecuentemente seguir el precedente histórico y entregar todos nuestros recursos financieros o echar suertes para tomar nuestras decisiones, a modo de ejemplo. Pero en ningún momento encontramos que Dios dijo a la iglesia primitiva que cultivara tales prácticas ni que accionara por causa de ellas, ni siquiera hay un patrón recurrente de ellas. Estas eran actividades que la gente concebía y practicaba por decisión propia. Pero Jesús sí dijo a sus discípulos que esperaran hasta que fueran llenos del Espíritu. Además, ser llenos con el Espíritu no es una actividad humana, sino divina.
12. Otra objeción a la posición pentecostal se basa en la intención de autoría. He aquí la pregunta: ¿Cuál el propósito o la intención de Lucas al escribir los Hechos? La respuesta que se revela es que fue para registrar la propagación del evangelio en el Imperio Romano; no fue la enseñanza del bautismo en el Espíritu. Sin embargo, ¿cómo se puede entender la propagación del evangelio separado del ímpetu que lo respalda: el poder del Espíritu Santo? Hechos 1:8 es un resumen del libro de los Hechos. Las dos cláusulas en el versículo están interrelacionadas y no pueden desvincularse: “recibiréis poder” y “me seréis testigos”4. Si el mandato “id por todo el mundo” todavía es verdad, entonces la habilitación para hacerlo será la misma que Cristo prometió.
13. Relacionada con la objeción anterior es la idea de que sólo los grupos representativos en Hechos tuvieron una experiencia especial del Espíritu, para mostrar la expansión y la integración del evangelio: los judíos en Jerusalén (capítulo 2), los samaritanos (capítulo 8), los gentiles (capítulo 10), los discípulos de Juan el Bautista (capítulo 19). Hay varias críticas de esta posición: (1) A menudo se pasa por alto la experiencia personal de Pablo posterior a su conversión (9:17) cuando fue lleno del Espíritu. No fue parte de una experiencia de grupo. (2) ¿Acaso los primeros predicadores no se encontraron con ningún discípulo de Juan el Bautista durante el período de veinte años que transcurrió entre Hechos 2 y Hechos 19? (3) Además, ¿eran esos hombres verdaderamente discípulos de Juan? ¿O eran discípulos de Jesús que necesitaban más instrucción?5
La promesa del Espíritu del Antiguo Testamento
El Antiguo Testamento es un preludio indispensable a los comentarios acerca del Espíritu Santo. Los acontecimientos del Día de Pentecostés (Hechos 2) fueron el clímax de las promesas que siglos antes Dios había hecho acerca de la institución del nuevo pacto, que también inauguraría la era del Espíritu. Respecto a esto, hay dos pasajes que se destacan: Ezequiel 36:25–27 y Joel 2:28,29.
El pasaje de Ezequiel habla de ser rociado con agua limpia y de esta manera ser limpio de toda inmundicia espiritual. Continúa diciendo que el Señor sacará el corazón de piedra de su pueblo y les dará “un nuevo corazón” y también pondrá en ellos “un espíritu nuevo”. La morada del Espíritu Santo es el medio por el cual esto se lleva a cabo: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu” (versículo 27). El resultado será el que sigue: “haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.
La promesa se relaciona claramente con el concepto de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento (Juan 3:5), una resonancia de la declaración de Jesús acerca de la necesidad de “nacer del agua y del Espíritu” (Juan 3:5). La transformación que tiene lugar con el nuevo nacimiento resulta en un cambio de estilo de vida, que es posible gracias a la morada del Espíritu. El Espíritu Santo mora en todos los creyentes (Romanos 8:9,14–16; 1 Corintios 6:19). Por lo tanto, la idea del creyente sin el Espíritu Santo es una contradicción en términos.
La profecía de Joel es diferente de la de Ezequiel. No habla de la transformación interior, de un cambio de estilo de vida, ni de la morada del Espíritu Santo. En vez de eso el Señor dice: “derramaré de mi Espíritu sobre toda carne”. El resultado será dramático; quienes lo reciban profetizarán, soñarán, y verán visiones. Esta profecía evoca el intenso anhelo de Moisés: “Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos” (Números 11:29). Los paralelos entre la profecía de Joel y el anhelo de Moisés son inequívocos. A diferencia de la profecía de Ezequiel, aquí los resultados de la obra del Espíritu son muy diferentes; son de naturaleza dramática y carismática. El Espíritu desciende sobre el pueblo de Dios principalmente para darles poder para profetizar. Esto es evidente en las palabras de Joel que Pedro citó en su discurso el Día de Pentecostés (Hechos 2:16–21). Pedro insertó: “y profetizarán” (versículo 18) en la parte central de la cita, y repitió y enfatizó que “vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán” (versículo 17). En el Día de Pentecostés los discípulos fueron “llenos del Espíritu Santo”; no fueron regenerados por esa experiencia.
¿Debemos concluir, entonces, que hubo dos venidas históricas del Espíritu, dada la sustancial diferencia entre las profecías de Ezequiel y Joel? La respuesta debe ser no. Es mejor hablar de una sola promesa del Espíritu Santo que incluye la investidura y el poder para el pueblo de Dios. Son dos aspectos de la obra del Espíritu que fue prometida para una nueva era.
La promesa del Espíritu Santo se cumplió completamente el Día de Pentecostés (Hechos 2). Pero la concepción virginal de Jesús por el poder del Espíritu Santo fue el comienzo de esa nueva era. El descenso del Espíritu Santo sobre Él en ese momento, junto con la actividad del Espíritu a través de Él en su ministerio terrenal (Mateo 3:16; Lucas 4:18,19; Hechos 10:38,39), sirve como modelo a todos los creyentes a quienes, en el Antiguo Testamento, el Señor les prometió la investidura y el poder del Espíritu Santo.
Terminología para el bautismo en el Espíritu Santo
El libro de los Hechos contiene más de setenta referencias al Espíritu Santo. Considerando que registra la venida del Espíritu Santo y da ejemplos de los encuentros del Espíritu con la gente, es de esperar que consultemos este libro si queremos saber terminología específica acerca del bautismo en el Espíritu. Las siguientes expresiones se usan de modo intercambiable:
- Bautizado con el Espíritu (1:5; 11:16)
- El Espíritu “vino”, “descendió”, “cayó sobre” (1:8; 8:16; 10:44; 11:15; 19:6)
- El derramamiento del Espíritu (2:17,18; 10:45)
- La promesa del Padre (1:4): el Padre dio la promesa
- La promesa del Espíritu (2:33,39): el Espíritu es la promesa
- El don del Espíritu (2:38; 10:45; 11:17): el Espíritu es el don
- El don de Dios (8:20): el don proviene de Dios • Recibir el Espíritu (8:15–20; 10:47; 19:2)
- Lleno del Espíritu (2:4; 9:17)
Desde el punto de vista de la frecuencia, la expresión bautizado en el Espíritu Santo es la que aparece con más frecuencia en los Evangelios (Mateo 3:11; Lucas 3:16). Lleno con el Espíritu aparece con frecuencia pero tiene un significado más inclusivo, que se comentará más adelante en esta serie.
El bautismo en el Espíritu Santo, la forma sustantivada del verbo bautizado en el Espíritu Santo, no aparece en el Nuevo Testamento, pero por la facilidad de expresión e identificación, a menudo se usa en su lugar.
No hay término que refleje completamente lo que implica la experiencia. Los términos no se deben forzar literalmente; son simples intentos de los escritores bíblicos de ayudarnos a tener una mejor comprensión del significado de la experiencia. Expresiones como bautizado, lleno, y derramado, enfatizan que se trata de una experiencia en que el creyente es completamente dominado o cautivado por el Espíritu Santo. Entre otras cosas, la experiencia acentúa e intensifica la obra del Espíritu Santo que ya mora en el creyente.
Bautizado por y en el Espíritu Santo
¿Distingue el Nuevo Testamento entre ser bautizado por el Espíritu Santo y ser bautizado en el Espíritu? En siete pasajes encontramos el verbo bautizar y el sustantivo Espíritu Santo o Espíritu. ¿Enseñan estos versículos lo mismo acerca de la relación entre los dos términos?
No bautismo del Espíritu. Los escritores del Nuevo Testamento nunca hablan de un bautismo del Espíritu Santo. El término es ambivalente y puede usarse para cualquiera de las dos experiencias del Espíritu. Uno es un bautismo por el Espíritu que incorpora a la persona en el cuerpo de Cristo. El otro es un bautismo en el Espíritu que da poder para el servicio.
Bautizado en/con el Espíritu. La experiencia pentecostal se describe adecuadamente como ser “bautizado en o con el Espíritu Santo” (preposición griega en; Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33; Hechos 1:5; 11:16; véase también Lucas 24:49; Hechos 1:8). Esta interpretación traduce con más claridad el griego y presenta de manera más apropiada el significado de la experiencia. Se prefiere por dos razones.
Primero, la preposición en es la más versátil en el Nuevo Testamento y se puede traducir de diversas maneras: en, con, por, entre, dentro, según el contexto. Podemos eliminar las dos últimas porque no se aplican a los pasajes que estamos comentando. También podemos eliminar por de los pasajes de los Evangelios y Hechos puesto que es Jesús, no el Espíritu Santo, quien bautiza. Es un bautismo por Jesús en el Espíritu Santo.
Segundo, se prefiere en en vez de con porque presenta la imagen del bautismo. El verbo baptizo significa sumergir o zambullir. Parecería extraño decir: “Él los sumergirá (o zambullirá) con el Espíritu Santo”. La expresión más natural es “en el Espíritu Santo”. La preferencia de “en el Espíritu Santo” es respaldada por la analogía del bautismo en agua, que tiene lugar en el agua.
Una preferencia por en como la traducción correcta de los pasajes de los Evangelios y Hechos tiene como fundamento algo más que las sutilezas de la semántica. Refleja una correcta comprensión de la naturaleza del bautismo en el Espíritu Santo; enfatiza que es una experiencia en que el creyente es completamente sumergido en el Espíritu.
Bautizado por el Espíritu Santo. Se debe distinguir entre ser bautizado en el Espíritu Santo y ser bautizado por el Espíritu Santo en el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:13).6 En este versículo encontramos la misma preposición en. “Porque por [en] un Espíritu somos bautizados en un mismo cuerpo”. Por designa al Espíritu Santo como el medio o el instrumento por el que se lleva a efecto el bautismo. La experiencia de la que habla Pablo es diferente de la que mencionan Juan el Bautista, Jesús, y Pedro en otros seis pasajes.
Los dos grupos de pasajes que comentamos (seis en los Evangelios y en Hechos, y uno en 1 Corintios) tienen pocos términos similares. Pero es cuestionable insistir en aquello porque ciertas combinaciones de palabras se presentan en diferentes pasajes, y su traducción y significado debe ser el mismo en todos. Aparte de las semejanzas, los dos grupos de pasajes tienen muy poco en común. Por ejemplo, Pablo menciona un Espíritu. Él no usa la denominación completa de dos palabras “Espíritu Santo”; él habla de ser bautizado “en un cuerpo”. Además la frase preposicional “en un mismo Espíritu” antele al verbo bautizar. En todos los demás pasajes sigue al verbo (la única excepción es Hechos 1:5 donde, para la curiosidad de algunos, se presenta entre Espíritu y Santo).
El contexto generalmente determina la manera en que se traducirá una palabra o expresión. Por lo tanto necesitamos ver cómo Pablo usa expresiones similares o idénticas a “en un mismo Espíritu”. El contexto inmediato que contiene cuatro de estas oraciones debe ser el determinativo.
Primera a Corintios 12:3 lee: “Por tanto os hago saber que, nadie que hable por [en] el Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por [en] el Espíritu Santo”. Esta última frase es idéntica a la que encontramos en el versículo 13; la única excepción es que el texto griego contiene la palabra el. En todas estas ocurrencias en el contexto inmediato donde en está ligado al Espíritu Santo, la traducción por se presenta con más fluidez y se entiende mejor que cualquier otra traducción. Además, todo el capítulo habla acerca de la actividad del Espíritu Santo. Por lo tanto, se prefiere la lectura “por un Espíritu”.
Este concepto se menciona de una manera un tanto diferente en Romanos 6:3, que habla de ser “bautizados en Cristo Jesús”. Este bautismo es diferente del que mencionaron Juan el Bautista, Jesús, y Pedro en los evangelios y en los Hechos. Según Juan el Bautista, Jesús es quien bautiza en el Espíritu Santo. Según Pablo, el Espíritu Santo es quien bautiza en Cristo, o en el cuerpo de Cristo. Si no se mantiene esta distinción, tenemos la extraña idea de que ¡Cristo bautiza en Cristo!
Resumen. La distinción entre ser bautizado por el Espíritu y ser bautizado en el Espíritu no es atribuible a una preferencia de la hermenéutica pentecostal. Una comparación de la traducción de en en 1 Corintios 12:13 en las principales versiones muestra una decisiva preferencia, aun por los eruditos que no son pentecostales, por la expresión por. Las siguientes principales versiones y traducciones de la Biblia tienen la palabra por: Reina-Valera 1960; Reina-Valera 1995; Nueva Versión Internacional; La Biblia de las Américas; Biblia en Lenguaje Sencillo.
Hay una clara distinción del propósito de cada uno de los bautismos. En 1 Corintios 12:13, se presenta la incorporación, o el bautismo, en Cristo o el cuerpo de Cristo. Esto difiere del bautismo en el Espíritu Santo, cuyo propósito principal es recibir poder (Lucas 24:49; Hechos 1:8).
Anthony D. Palma, doctor en teología, veterano educador de las Asambleas de Dios; vive en Springfield, Missouri.
Notas
1. En la segunda parte, se tratará el asunto de la subsecuencia. En la tercera parte se comentará acerca de las lenguas como el acompañamiento necesario. La cuarta parte tratará los propósitos del bautismo en el Espíritu y también la terminología inclusiva de ser lleno con, o lleno del Espíritu Santo.
2. Los eruditos en la tradición pentecostal clásica han escrito extensivamente acerca de esta área. Menciono a algunos: French L. Arrington, Donald A. Johns, Robert P. Menzies, Douglas A. Oss, Roger Stronstad.
3. Para más comentarios acerca de la teología narrativa, véase Douglas A. Oss: “A Pentecostal/Charismatic View” [Una perspectiva pentecostal/carismática], en Are Miraculous Gifts for Today [¿Son los dones de milagros para nuestro tiempo?] ed. Wayne A. Grudem, (Grand Rapids, Mich.: Zondervan Publishing, 1996), 260-262; y Donald A. Johns: “New Directions in Hermeneutics” [Nueva dirección en la hermenéutica], Initial Evidence [Evidencia inicial], ed. Gary B. McGee, (Peabody, Mass.: Hendrickson Publishing, 1991), 153-156.
4. Las citas se han tomado de la Versión Reina-Valera 1960, a menos que se indique de otra manera.
5. Este punto se comentará en la segunda parte.
6. Algunos reconocidos eruditos en la tradición pentecostal clásica prefieren la traducción en e interpretan la cláusula como el bautismo pentecostal en el Espíritu.
