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Puede volver a fortalecerse:
cómo recobrar su salud emocional

Aquí encontrará algunas sugerencias de cómo liberarse del yugo y de la pesada carga del exceso de trabajo en el ministerio.

Por Richard D. Dobbins

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. Mateo 11:28-30

Si creemos los estudios en el Internet, es obvio que no hay una buena conexión entre estos versículos y la realidad en el ministerio. Los estudios nos dicen que casi 20.000 ministros dejan el ministerio anualmente, lo que significa más de 1.500 al mes. Esta estadística no incluye los que están tan desanimados que dejarían el ministerio si supieran cómo ganar el sustento de otra manera.  

Esta decepción con el ministerio comienza temprano en la experiencia del ministro. Por ejemplo, más de tres cuartas partes de los ministros que se gradúan cada año del Seminario y del colegio bíblico dejan el ministerio en los primeros cinco años.

Las razones para dejar el ministerio que dan los participantes en este estudio son muchas y variadas, pero la mayoría de los pastores dijeron que se sintieron muy sorprendidos de descubrir que el ministerio era muy distinto a lo que pensaban que sería. Pensaban que dedicarían más tiempo a la enseñanza y a la predicación, lo que es algo que disfrutan. No esperaban encontrar las demandas administrativas y las del manejo de los recursos humanos que requiere el ministerio.

Los pastores están hartos de los problemas de las personas y de las personas problemáticas. Están cansados de los miembros de la junta administrativa, y de los ancianos y diáconos, que cuestionan su autoridad y agotan su energía. A los pastores no le gusta tener que confrontar empleados que no hacen lo que deben hacer. Se sienten exhaustos de tener que tratar con líderes de adoración hipersensibles.

Con el transcurso del tiempo esas frustraciones afectan al ministro que no ha desarrollado estrategias para aliviar el estrés acumulado. Los ministros necesitan estar conscientes de que el estrés es para ellos lo que el pulmón negro es para los mineros del carbón: no saben que tienen la enfermedad hasta que los ha consumido.

A medida que aumenta la complejidad de la vida moderna, la trampa del estrés para los ministros es cada día más peligrosa. El manejo del estrés de una forma proactiva requiere menos esfuerzo y dolor de cabeza que manejarlo de una manera reactiva. Además, ser proactivo en el manejo del estrés evita que el ministro enfrente las dolorosas consecuencias de que el estrés lo lleve a dejar el ministerio.

Sin embargo, el ministerio no tiene que ser extremadamente difícil. Recuerde que el Señor dijo, “Mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Aquí encontrará algunas sugerencias de cómo liberarse del pesado yugo y de la insoportable carga.    

Tenga expectativas realistas

Muchos entran al ministerio con expectativas irrealistas. Usted puede medir su frustración con cualquier actividad si compara lo que usted esperaba de la actividad con lo que realmente experimentó. El ministerio no es una excepción a esta norma.

¿Por qué son nuestras expectativas tan distintas a lo que realmente experimentamos? Una razón principal es la perspectiva romántica con la que muchos consideran el ministerio. Crecí en la iglesia y recuerdo lo especial que todos pensaban que era el pastor. La mayoría de los miembros lo tenían en un pedestal. Después de todo, él era una personalidad en la plataforma que inspiraba y ayudaba. Sabían poco de otros aspectos de su experiencia laboral o de su vida familiar.

Sin embargo, la predicación y la enseñanza son solo pequeñas partes de la labor del pastor moderno. Los pastores dedican la mayoría de su tiempo y energía a tareas administrativas. Muchas veces esto significa tratar con gente en circunstancias difíciles. Y muchos pastores en su inocencia esperan que las personas sean espirituales y fáciles de tratar en situaciones sensibles.

Cuando el pastor enfrenta tensión y conflicto, esperan que las personas sean espirituales. Pero no son espirituales ahora y nunca lo serán. Siempre han sido carnales. Si ajusta sus expectativas considerando este hecho se evitará mucho dolor. Si espera que la gente en la iglesia sea espiritual, va a sentirse decepcionado y frustrado la mayoría del tiempo.  

En los tres evangelios sinópticos, Jesús nos recuerda que “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Mateo 9:12; vea también Marcos 2:17 y Lucas 5:31). Dios no nos ha llamado a ministrar a personas sanas emocionalmente. En la mayoría de los caso, las personas traen al Reino inmadurez egoísta, historias dolorosas, y hábitos hirientes. El nuevo nacimiento no necesariamente cura instantáneamente estas áreas de la persona.

En sus parábolas, Jesús trata de preparar a los discípulos para tratar con la carnalidad de la gente en la iglesia. Él quería que sus expectativas del ministerio fueran realistas y prácticas. Así que habló de la mala hierba creciendo junto con el trigo, los buenos y los malos peces atrapados en la misma red, y toda clase de pájaros posados en el mismo árbol (Mateo 13:25-32, 47-50).

Si hubiéramos pastoreado la iglesia del primer siglo nuestra congregación hubiera sido carnal. Por ejemplo, los apóstoles escribieron casi todas las epístolas para tratar con alguna forma de carnalidad. Imagine cuántos libros le faltaría a la Biblia si el pueblo de Dios hubiera sido espiritual.

Así que, cuando alguien cuestione su autoridad, no lo considere una crisis personal. Por 2.000 años la gente ha cuestionado los líderes de la iglesia. Y cuando nadie recuerde su cumpleaños, el cumpleaños de su esposa, su aniversario de bodas, o su bono navideño, no lo convierta en una catástrofe. Considérelo normal. Sería bueno si lo recuerdan, pero no es necesario. Apreciamos las muestras de generosidad cuando las personas nos las dan. Sin embargo, es fácil sentir que las merecemos. Dudo que los apóstoles recibieron tales consideraciones.

Cuando reduzca sus expectativas, se sorprenderá de cuánto disminuirá el estrés en el ministerio. Cuando no espera nada y recibe algo, es una agradable sorpresa. Hemos sido llamados a servir, y no a ser servidos. Recuerde que el servicio a las personas es la manera en que el ministro sirve a Dios. Además, Jesús dijo, “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40).

Refresque su vida devocional

Lidiar con el presupuesto, con las tareas administrativas, y con la gente problemática requiere tanta energía y tanto tiempo que es fácil descuidar la vida devocional. ¿Está limitada su lectura de la Biblia a preparar sermones y estudios bíblicos? Además de orar por otros en su función de ministro, ¿abre usted su corazón en oración al Señor?

Recuerde que Isaías dijo: “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31). Esperar en el Señor incluye leer la Palabra de Dios y orar, pero también incluye la reflexión y la meditación.

ApÁrtese de la presiÓn institucional

Concéntrese en servir al cuerpo de Cristo. No se enfoque en ascender la escalera del buen éxito ministerial. Recuerde que la iglesia institucional es una organización; el cuerpo de Cristo es un organismo. Ninguna parte de la religión institucionalizada tiene vida. Las denominaciones tienden a preservarse y a establecerse. Nos dan credenciales para la predicación y sirven otras útiles funciones. Nos requieren responsabilidad, nos protegen de las herejías, y nos ayudan a lograr objetivos en conjunto que no podríamos lograr por nuestra propia cuenta. Sin embargo, Dios nos ha llamado a servir a su Cuerpo, no a la iglesia institucional.

Si usted se concentra en las inconsecuencias y las injusticias presentes en el trato con la institución de la iglesia, podría sentirse frustrado y deprimido la mayoría del tiempo. Verá cómo reciben favores los que tienen buenas conexiones en el proceso político de la denominación. Al mismo tiempo verá a muchos ministros de iglesias pequeñas que no reciben reconocimiento.

Pero, tenemos la promesa de Jesús de que cualquiera que da una vaso de agua a uno de sus pequeñitos recibirá recompensa (Mateo 10:42). Recuerde que Jesús lo llamó al ministerio. La certeza de que usted será recompensado apropiadamente lo ayudará a no juzgar a otros, ni a sentir envidia o celos de ellos.

Recuerde lo que Jesús dijo a Pedro cuando estaba demasiado preocupado acerca del favor que Jesús le daba a Juan: Jesús le dijo: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú” (Juan 21:22). Considerar el ministerio como otra manera de seguir a Jesús simplificará su vida.

Refleccione acerca de su situaciÓn presente

Reflexione en su situación y abra su mente a las ideas y las creativas soluciones que solo Jesús puede compartir con usted. ¿Qué aspecto de su situación presente es tan estresante? ¿Está ahogándose financieramente? ¿Ha heredado una situación problemática que fue creada por el pastor anterior? ¿Hay grupos en conflicto en la congregación? En oración escriba lo que más le preocupa. Organice la lista en orden de prioridad. Enfóquese en lo más preocupante. Luego, comprométase a escribir maneras en que manejará estos aspectos más difíciles.

Pregúntese: si hiciera lo que escribí en mi primera alternativa, ¿cuál sería la situación en 6 meses, en un año, y en 18 meses? Recuerde que Satanás quiere que usted se valga de su impulsividad y de un sentimiento de urgencia exagerado para complicar el asunto. Pero a medida que usted considera la segunda, la tercera, o la cuarta alternativa siguiendo el mismo proceso, pida a Dios que le dé sabiduría para saber cuál escoger. Él nos ha prometido en su Palabra que nos la dará (Santiago 1:5).

Ponga tanta distancia emocional como sea posible entre usted y la situación. Evite dar soluciones prematuras que provengan de usted. Luego, confíe en que Dios le ayudará a sentir una intensa inclinación hacia la alternativa que Él considere la más sabia para solucionar la situación.

El apóstol Pedro nos da un sabio consejo: Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros (1 Pedro 5:6,7).

En el transcurso de los años he aprendido un patrón práctico para aplicar este pasaje a mi vida. Aquí hay una serie de preguntas que me hago a mí mismo para determinar cuál es mi responsabilidad y cuáles ansiedades echo sobre Él:

  1. ¿Qué puede hacerse acerca de lo que me preocupa? Es posible preocuparse por asuntos que no tienen solución. Siempre habrá guerras. Siempre habrá pobreza. Algunas personas dedicadas a Dios morirán de su enfermedad mientras que otras carnales serán sanadas. Nadie puede hacer algo respecto a esto. Así que cuando me encuentro preocupado por estas situaciones, pongo en Él mis ansiedades.

  2. ¿Qué puedo hacer acerca de lo que me preocupa? Si me encuentro afligido por situaciones que no puedo solucionar, echo mi ansiedad sobre él. A veces, hay algo que puedo hacer acerca de lo que me preocupa. Entonces defino lo que es y prosigo a la próxima pregunta.
  3.  ¿Puedo hacer algo al respecto en este momento? Si no puedo hacer en este momento algo acerca de lo que me preocupa, escribo una nota en mi calendario que me recuerde lo que puedo hacer y cuándo puedo hacerlo. Todo lo demás lo echo sobre Él.

 Note la fuerza de la palabra echar. Aprenda a sacar de su mente los asuntos acerca de los cuales no pueda hacer nada en el momento. Cuando hace lo que puede hacer en el momento en que puede hacerlo tendrá como recompensa un liderazgo saludable.

ReenfÓquese en su matrimonio y en sus relaciones familiares

Según Pablo, estar casado en uno de los requisitos para ser un anciano o un diácono (1 Timoteo 3:1-13). Esta provisión da al pastor y a la esposa del pastor la oportunidad de modelar un matrimonio cristiano saludable ante los que sirven. Nunca es la voluntad de Dios que su ministerio afecte su matrimonio. Desafortunadamente, algunos ministros piensan que están casados con el ministerio y,  con esa prioridad equivocada  excusan su descuido de la esposa y de los hijos. Pablo define claramente en Efesios 5:21 al 6:4 las prioridades bíblicas del ministro. Dios es primero. Su matrimonio es segundo. Sus hijos tercero. Y su trabajo está en cuarto lugar.

Una de las cosas más beneficiosas que puede hacer por su ministerio y por sus hijos es planificar dos o tres retiros de matrimonio cada año. Durante estos fines de semana disfrute de la oración y tiempo devocional juntos, pero estén de acuerdo en que no hablarán de asuntos de la iglesia. Simplemente concéntrense en renovar su amor por Dios y el uno por el otro. A su esposa le encantará y sus hijos disfrutarán la diferencia que notarán en la relación de ustedes con ellos. Un ministro saludable sabe que el matrimonio viene antes del ministerio….y los hijos también. Así que no deje que el enemigo lo haga sentirse culpable por proteger esas prioridades.  

Cuando termine su día, desarrolle la habilidad de cerrar mentalmente la puerta a las preocupaciones acerca de la iglesia y abrirla a disfrutar su matrimonio y su familia. Decida junto con su cónyuge que no hablará de asuntos de la iglesia en el hogar. No tan solo es esto saludable para su matrimonio, pero también lo será para sus hijos. Usted debe protegerlos lo más que pueda de las situaciones dolorosas con las que trata en la iglesia.

La recreaciÓn es prte de su ministerio

La naturaleza nos enseña la importancia de la recreación. Los becerros saltan, los potrillos retozan, las ovejas juegan en el campo, los perros persiguen pelotas, y los gatitos juegan con lana. No permita que el enemigo lo haga sentir culpable por dedicar tiempo a la diversión. Juegue para divertirse…no para ganar. No es divertido jugar con alguien que siempre tiene que ganar. Busque diversiones que su esposa y usted disfruten, y háganlas juntos tres o cuatro veces al mes. Cuando sus niños sean pequeños, tenga al menos una noche de diversión a la semana. No los obligue a hacer algo que sea divertido para usted, sino haga lo que ellos consideren divertido.

Dios no lo llamó al ministerio para frustrarlo. Él quiere que el ministerio cumpla su voluntad. Él quiere que usted disfrute la obra del Señor. Escoja bien a sus amigos. Evite a las personas que se irritan cuando sienten el peso del ministerio. Cuando usted se aleja de ellos se siente agotado. A veces es necesario ministrar a estas personas. Pero escoja amigos que amen a Dios, disfruten la vida, y lo llenen de energía cuando pasen tiempo juntos.

Recuerde la advertencia de Pablo: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:9.10).

Richard D. Dobbins

Richard D. Dobbins, Ph.D., fundador de EMERGE, es actualmente director del Instituto de Ministerio Richard D. Dobbins en Naples, Florida, que fundó en 2007. Visite su página web en www.drdobbins.com.

 

 

 

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