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La plenitud del Espíritu

Por Anthony D. Palma

CUARTA PARTE: Indicaciones y recepción del bautismo en el Espíritu/Significado inclusivo de “lleno con/lleno del Espíritu”

En esta serie se ha presentado diversos temas relacionados con la doctrina Pentecostal del bautismo en el Espíritu Santo: los principios hermenéuticos básicos que se deben presentar, el completo fundamento bíblico de la doctrina, la controveersia y la subsecuencia teológica del bautismo en el Espíritu Santo y de la presencia del Espíritu en la regeneración, y la glosolalia como un componente esencial de la experiencia. Este artículo cubrirá los siguientes temas: las señales del bautismo en el Espíritu, la recepción del bautismo en el Espíritu, y el uso inclusivo de la terminología del Nuevo Testamento “lleno con/lleno del Espíritu Santo”.

Las Señales del Bautismo en el Espíritu Santo

Las lenguas

La idea de que la glosolalia es la “evidencia física inicial” del bautismo en el Espíritu enfatiza que las lenguas suceden en el momento en que el Espíritu llena a la persona y que este fenómeno es observable. Por lo tanto, hablar en lenguas es la señal inmediata, empírica, y externa de que una persona ha sido llena del Espíritu. No es la totalidad de la experiencia. Además de este fenómeno instantáneo, las Escrituras hablan de evidencias continuas e internas de que alguien ha sido lleno del Espíritu. Es provechoso explorar en detalles las implicancias de la glosolalia en el momento en que sucede el bautismo en el Espíritu.

Los acontecimientos del derramamiento Pentecostal que registra Hechos 2 se deben ver en un contexto histórico-redentor. El pentecostés es el suceso cúlmine en la institución del nuevo pacto. En pentecostés, Dios dio el don del Espíritu a la Iglesia. Pero otros también experimentaron el don —aunque fue unos 20 años después (Hechos 19:1–6). Este derramamiento sobre la Iglesia, entonces, es de naturaleza colectiva y personal. Todavía hoy los cristianos podemos experimentar lo que algunos han llamado un “pentecostés personal”.

En este documento sugiero tres razones de que Dios ordenara la glosolalia para el día de pentecostés. La primera razón es histórica; las otras dos son aplicables a todos los creyentes.

(1) El paso final de la inauguración del nuevo pacto fue firmado por el fenómeno atmosférico y meteorológico reminiscente de la institución del antiguo pacto en el Sinai. Además, el Señor escogió añadir un nuevo elemento—hablar en lenguas—algo que según los registros bíblicos, no había sucedido antes de Pentecostés,1 tal vez para indicar que en verdad era el nuevo pacto.

(2) La ocurrencia de la glosolalia el Día de Pentecostés enfatiza el imperativo fisiológico que Jesús antes había dado a sus discípulos. Los diversos idiomas que el Espíritu dio a los discípulos para que hablaran indirectamente recordaría a los discípulos de los diversos grupos lingüísticos que necesitaban el evangelio. Algunos de los primeros líderes del movimiento Pentecostal erróneamente pensaron que la concesión de las lenguas fue el equipamiento de los creyentes con idiomas que debían usarse en la evangelización. Pero debemos entender que el contenido de los mensajes glosolálicos de los discípulos no fue una predicación del evangelio sino una proclamación de “las maravillas de Dios”2 (Hechos 2:11). Al parecer, estaban haciendo un recuento de las manifestaciones de Dios en el Antiguo Testamento. No obstante, las lenguas que se hablaron ese día atrajeron la atención de lo no creyentes al punto de que escucharon la predicación de Pedro (versículos 14–39).

(3) Hay también una dimensión personal de la glosolalia. Pablo dijo que “el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios” (1 Corintios 14:2) y que “el que habla en lengua extraña a sí mismo se edifica” (versículo 4). Esta es una razón de que escribiera: “quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas” (versículo 5).3 Algunos se refieren a la glosolalia como “el lenguaje de la oración”, una designación que enfatiza su naturaleza personal y devocional. Pablo estaría de acuerdo (versículos 16 y 17). Algunos exégetas responsables también ven la glosolalia en la declaración de Pablo: “el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).

La apertura a las manifestaciones espirituales

La experiencia inicial de hablar en lenguas indica que quienes reciben se someten a algo que excede lo racional. Están dispuestos a rendirse y a dejar que se los sumerja/sature por el Espíritu de Dios hasta que la mente no tenga parte en lo que dicen (1 Corintios 14:14). Pero el bautismo en el Espíritu Santo es más que hablar en lenguas. Dios también usa a los creyentes en los dones que ha dado a su iglesia.

El bautismo en el Espíritu Santo abre a quienes lo reciben a una gran diversidad de dones espirituales. Una mirada a las listas de los dones espirituales (1 Corintios 12:8–10, 28–30; Romanos2:6–8; Efesios 4:11) revelará que la mayoría de estos dones ya se habían manifestado de alguna manera en el Antiguo Testamento y en los Evangelios. Los discípulos antes del Pentecostés fueron instrumentos en sanidades y expulsión de demonios (Lucas 10:9,17; véase también Mateo 10:8). Además un estudio de la historia de la iglesia mostraría que cristianos de diversas épocas manifestaron los dones espirituales en sus muchas.

Además el Espíritu Santo muestra que entre los primeros discípulos la manifestaciones de los dones fueron más frecuentes después del Pentecostés. Por ejemplo, los milagros fueron operados a través de personas que no eran apóstoles, como Esteban (Hechos 6:8) y Felipe (8:6,7), como también a través de los apóstoles. Pedro y Pablo jugaron un papel decisivo en la sanidad de casos para los que no había esperanza y para volver a la vida a los que habían muerto. Pedro ciertamente experimentó el don de fe cuando dijo al paralítico que anduviera (3:6), como también el don de la palabra de ciencia cuando trajo a la luz el pecado de Ananías y Safira (5:1–10).

Aquellos que han defendido y experimentado el bautismo en el Espíritu Santo no tienen reservas acerca del mantenimiento de todos los dones. Esto es ampliamente atribuible a su propia experiencia del bautismo en el Espíritu Santo a través de la cual se han abierto a la excepcional obra del Espíritu.

Con este y los dos puntos que siguen, los pentecostales deben resistir la tentación de ser elitistas respecto a estos asuntos. El bautismo en el Espíritu Santo no es un asunto de “tener” o “no tener”. Antes bien, debe inducir a una mayor humildad a quienes el Señor usa de mayor manera.

Una vida piadosa

El bautismo en el Espíritu Santo no debe disociarse de su repercusión en una vida piadosa. Después de todo, es una inmersión el Él que es el Espíritu Santo. Quien es lleno del Espíritu Santo no vivirá de manera réproba. Los pentecostales deben ser cuidadosos de no identificar el bautismo en el Espíritu Santo sólo con la experiencia de hablar en otras lenguas. Hacer tal cosa limita la obra del Espíritu en otros aspectos de la vida.

Un problema básico con algunos de los creyentes de Corinto era que continuaban hablando en lenguas (cuya autenticidad Pablo no ponía en duda), pero no dejaban que el Espíritu en quien habían sido inmersos obrara interiormente en la vida de ellos. El Artículo 7 de “La Declaración de Verdades Fundamentales” de las Asambleas de Dios establece, en parte, que con el bautismo en el Espíritu Santo “viene una investidura de poder para la vida y el servicio”. Según lo que entiendo, “para la vida” significa “una vida piadosa”. Si los que profesan haber sido bautizados en el Espíritu Santo no viven de una manera que complace a Dios, la razón es esta: no han dejado que la experiencia se manifieste en su estilo de vida.

Poder para el servicio

En los círculos pentecostales, no hay otro aspecto del propósito del bautismo en el Espíritu que haya recibido más atención que el hecho de que es para la evangelización del mundo. Esto tiene su sólido fundamento en Hechos 1:8: “recibiréis poder, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Esta asociación de poder (griego: dunamis) con el Espíritu Santo fue evidente en el ministerio terrenal de Jesús (Lucas 4:14; Hechos 10:38) y continuó en el ministerio de los discípulos en el Nuevo Testamento. Es el ímpetu y la capacitación para la evangelización del mundo. El libro de los Hechos es un comentario acerca de dos asuntos relacionados: que el Espíritu vendría sobre ellos y que serían los testigos de Jesús en todo el mundo. El gran impacto que el movimiento Pentecostal ha tenido en la propagación del evangelio en el siglo veinte es testimonio de la realidad de la experiencia pentecostal.

La recepción del bautismo en el Espíritu

Si, como los pentecostales creen, el bautismo no es sinónimo de regeneración ni necesariamente contemporáneo de ella, ¿qué se requiere de una persona para que sea llena del Espíritu? La Escrituras no contienen una fórmula, pero las siguientes consideraciones pueden ser de utilidad.

(1) La universalidad de la experiencia. La profecía de Joel, que Pedro citara el Día de Pentecostés, enfatiza que este derramamiento del Espíritu es para todos los creyentes. Esto es lo que a veces se llama “la democratización” del Espíritu, a diferencia del Antiguo Testamento en que el Espíritu era para un pequeño grupo selecto. El Señor ahora quiere poner su Espíritu en todas las personas (Números 11:29; Joel 2:28,29). Paralelo a esto es la idea de que el prometido derramamiento del Espíritu Santo sobre los creyentes trasciende el tiempo y la raza: “Porque para vosotros [judíos] es la promesa, y para vuestros hijos [descendientes], y para todos los que están lejos [gentiles” (Hechos 2:39).4 La persona que busca debe estar verdaderamente convencida de que la experiencia es para él o ella.

(2) El bautismo en el Espíritu es un regalo. Un regalo, por definición, no se da por causa de un mérito. No nos hacemos “merecedores” de recibir la plenitud del Espíritu. Lo que recibimos de Dios es únicamente por su gracia, no por nuestras obras. Si uno pudiera ser bautizado por los méritos personales, entonces las preguntas conflictivas y que no tendrían respuesta serían: “¿Qué nos hace merecedores?” y “¿Qué nivel de perfección espiritual se requiere para ser merecedor de la experiencia?” La superflua introspección y un sentimiento de indignidad pueden ser un obstáculo para que una persona sea llena del Espíritu. Si hablamos de un requisito humano, este debe ser la fe.

(3) El Espíritu que ya habita. Las imágenes del Nuevo Testamento para el bautismo en el Espíritu, si se toman literalmente, darán la impresión de que el Espíritu es al principio externo respecto a la persona (“derramado”, “bautizado en”) o que debemos concebirlo en términos cuantitativos (“llenos de”). Pero el Espíritu mora en todos los creyentes. Por lo tanto el bautismo en el Espíritu es una obra adicional del Espíritu que ya habita.

(4) Apertura y receptividad. El Espíritu no bautiza contra la voluntad de la persona. La entrega al Señor y la disposición a someterse completamente a Él facilitará el que una persona sea llena del Espíritu. Esto es especialmente cierto en relación al aspecto glosolálico desdel bautismo en el Espíritu. El recipiente debe cooperar con, o dejarse llevar por el Espíritu Santo, en el caso de los discípulos, hablaron en lenguas como el Espíritu les dio que hablaran (Hechos 2:4). Ellos no generaron las lenguas que hablaron, sino que respondieron a la dirección del Espíritu.

(5) Oración y alabanza. Lucas, el más destacado escritor acerca del bautismo en el Espíritu en el Nuevo Testamento, registra las palabras de Jesús: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13). Esta promesa está en el contexto de la enseñanza de Jesús acerca de la constancia en la oración (versículo 8). En el versículo 9, Jesús continúa: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (en los tres casos, el significado del tiempo presente griego). Jesús dijo que nuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a quien lo pida, y Padre no dará una falsificación o un sustituto en respuesta a la petición de ellos. Esto debe ser motivo de aliento para los creyentes inseguros o extremadamente sensibles que temen que lo que les suceda no sea genuino.

La glosolalia es una expresión de adoración por poderosas obras de Dios (Hechos 2:11; 10:46) y está relacionada con la acción de gracias a Dios (1 Corintios 14:16,17). Es adecuado, durante los tiempos de oración en espera del derramamiento del Espíritu, que la persona además de pedir, también adore a Dios. Aunque no se puede probar ni tampoco negar con las Escrituras, la experiencia muestra que adorar a Dios en el lengua que dominamos facilita la transición a la alabanza en otras lenguas.

(6) Soberanía divina. Considerando que el bautismo en el Espíritu es un regalo, el tiempo en que es concedido depende Él que lo concede. El Señor responde a la oración de fe cuando el objeto de la oración está en conformidad con su voluntad. Pero por razones que no revela, a veces el tiempo del Señor difiere del nuestro. Es evidente a partir del libro de los Hechos y de la historia de la iglesia que los derramamientos del Espíritu a veces suceden en momentos inesperados. Por consiguiente, una persona que quiere ser bautizada en el Espíritu no debe culparse a sí mismo si la experiencia no sucede cuando él o ella quisiera. Es posible que haya momentos de visitación especial del Señor en que muchas personas sean llenas del Espíritu. Es durante esos momentos que las circunstancias podrían ser las óptimas para un posible receptor.

Significado inclusivo de “lleno con/lleno del Espíritu”

El bautismo en el Espíritu Santo no es una experiencia que sucede una sola vez; el Nuevo Testamento no enseña “una vez lleno, siempre lleno”. Para demostrar esta afirmación, se debe hacer una revisión de los pasajes que contienen las expresiones “lleno con” y “lleno de”.

Lleno con el Espíritu

Ya hemos notado que las expresiones bautizado en el Espíritu Santo” y “lleno con el Espíritu Santo” son intercambiables (Hechos 1:8; 2:4). Pero “lleno con el Espíritu Santo” se usa de otras dos maneras:

(1) Investiduras episódicas en tiempo de necesidad. Hay tres instancias en el libro de los Hechos que corroboran este punto. Primero, Pedro experimentó una fresca investidura del Espíritu cuando él y Juan fueron presentados ante la autoridades religiosas después de la sanidad del paralítico en la puerta del templo. Cuando se les interrogó acerca del poder por el cual se había operado el milagro, Lucas registra: “Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo” (4:8). Él recibió exactamente lo que necesitaba decir. Este fue un cumplimiento de la promesa de Jesús de que Jesús daría a los creyentes las palabras adecuadas en momentos como esos (Mateo 10:17-20; Marcos 13:9-11; 12:11,12).

Segundo, Pablo tuvo una experiencia parecida de investidura especial cuando se enfrentó a Elimas el mago. Lucas registra: “Pablo, lleno [nuevamente, literalmente lleno] del Espíritu Santo, fijando en él los ojos” (Hechos 13:9). En este encuentro de poder, el Espíritu Santo vino sobre Pablo con el fin de capacitarlo para combatir a uno que era “hijo del diablo” (versículo 10).

Tercero, los primeros creyentes que enfrentaron persecución porque no dejaron de proclamar a Cristo, oraron de la siguiente manera: “concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29). La respuesta del Señor: “todos fueron llenos del Espíritu Santo (el griego es idéntico a 2:4), y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (versículo 31).

Puede haber circunstancias especiales en que el creyentes es lleno del Espíritu Santo después de haber sido bautizado, con el fin de prepararlo para enfrentar un problema específico. Estas experiencias a veces se las llama “unciones”, aunque en el Nuevo Testamento no se registra el uso de esa palabra cuando se habla de tales momentos.

(2) Una experiencia continua/continuada. Pablo animó a los creyentes: “sed llenos [literalmente, llenarse constantemente] del Espíritu” (Efesios 5:18). Los versículos que siguen (19-21) dan varios ejemplos de los elementos que debe haber en una vida llena del Espíritu: (a) hablar entre creyentes con salmos e himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en el corazón; (b) dar siempre gracias por todo en el nombre del Señor; (c) someterse unos a otros en el temor de Cristo.5 La obediencia a este último elemento es una extensión de la relación que debe haber entre esposo y esposa, padres e hijos, y amo y esclavo (empleador y empleado). La vida que está verdaderamente llena del Espíritu se da a conocer por las buenas relaciones interpersonales.

Lucas también menciona este aspecto continuo de la plenitud del Espíritu, cuando escribe que “los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo” (Hechos 13:52).6

Lleno del Espíritu

Lucas es el único que usa la expresión “lleno (pleres) del Espíritu” (Lucas 4:1, de Jesús; Hechos 6:3, una cualificación para ser uno de los siete “diáconos”; 6:5 y 7:55, específicamente de Esteban; 11:24, de Bernabé). Sugiere una condición de plenitud del Espíritu y que tal vez no se puede distinguir de ser continuamente lleno con el Espíritu (Hechos 13:52; Efesios 5:18). Pero la conclusión de la frase “lleno de” también incluye, desde un punto de vista positivo, sabiduría (Hechos 6:3), fe (6:5; 11:24), gracia y poder (6:8), buenas obras y caridad (9:36).

Un resumen de cláusulas “llenos de”, además de las que mencionan sólo al Espíritu Santo, son las que van acompañadas de sabiduría (Lucas 2:40, Jesús); alegría (Hechos 2:28); asombro y espanto (3:10); gozo (13:52). En un sentido negativo, “lleno con” aparece acompañado de ira (Lucas 4:28); asombro y temor (5:26); ira (literalmente, furor, 6:11); celos (Hechos 5:17; 13:45); confusión (19:19). Además, tenemos la declaración que afirma que Satanás había llenado el corazón de Ananías para que mintiera al Espíritu Santo (5:3). En todos estos casos donde completa “lleno con” o “lleno de” con virtudes y características positivas, Lucas establece una conexión entre ellos y ser lleno con o lleno de, el Espíritu Santo. Y a la inversa, las palabras negativas que completan las dos expresiones destacan la antítesis ente la vida llena del Espíritu y la vida que está dominada por un espíritu que no es el Espíritu de Cristo.

Reflexiones finales

La comprensión Pentecostal y la experiencia del bautismo en el Espíritu tienen un sólido fundamento en las Escrituras. Sin embargo no está demás una palabra de advertencia. Los pentecostales no deben, y verdaderamente no pueden, apoyarse en una experiencia inicial de la plenitud en el Espíritu que ya quedó en el pasado. Lo importante no es cuándo fue usted lleno del Espíritu,  sino si está lleno del Espíritu hoy.

Anthony D. Palma

 

 

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